Durante el primer año de vida
Es beneficioso para los bebes jugar
con chicos mayores y mascotas
Ayuda a fortalecer
el sistema inmune
Las evidencias científicas son contundentes: el contacto de los
bebes con otros chicos mayores o con animales durante el primer
año de vida ayuda a formar su sistema inmune de manera más
saludable.
"El primer año de vida es un período altamente favorable para el
desarrollo, y si el bebe va a la guardería o tiene hermanos
queda expuesto a todo lo que los chicos suelen hacer. Esto
estimula la inmunidad innata y aumenta las defensas que en la
vida lo protegerán de las enfermedades que se están asociando
con el medio ambiente", señaló a LA NACION el doctor Steven
Kleeberger, director del Laboratorio de Biología Respiratoria
del Instituto Nacional de Salud y Medio Ambiente de los Estados
Unidos.
Según parece, la exposición a lo que podría considerarse más
dañino se da en los primeros años de vida: "Y cuanto más
temprano sea, mayor será la protección obtenida", señaló
Kleeberger, de visita en nuestro país invitado por la Fundación
para la Investigación en Infectología Infantil (Infant) para dar
una conferencia sobre genética y medicina en el siglo XXI.
Investigaciones sobre la respuesta del sistema inmune en chicos
que crecieron en el campo y expuestos a los trabajos que se
realizan en un establo y a la leche de vaca recién ordeñada
demostraron una mayor protección contra enfermedades
respiratorias, como el asma.
Más cercano a las posibilidades urbanas, convivir con perros y
gatos en el hogar demostró tener un efecto altamente protector
para los chicos. "Está demostrado que la exposición a mascotas y
a agentes como virus y bacterias durante el juego o en la
guardería reduce la posibilidad de contraer asma", dijo.
En cambio, factores como la contaminación del medio ambiente y
la alimentación elevan esa posibilidad. "La influencia del medio
ambiente no sólo aumenta la severidad del asma, sino que la
contaminación crea nuevos casos -señaló Kleeberger-. Sólo la
exposición al ozono en el ambiente triplica la cantidad de
casos."
Entonces, ¿qué tiene mayor peso sobre nuestra salud: los genes o
el medio ambiente? La ciencia recién empieza a conocer (y
debate) cómo ambos interactúan para favorecer la aparición de
tumores, desórdenes inmunes, males neurológicos y afecciones
respiratorias.
"No podría responder esa pregunta aún, pero muchos estudios ya
demuestran que ciertos genes pueden volvernos susceptibles al
ozono, a partículas en el aire u otros agentes", señaló
Kleeberger, para quien algunas personas podríamos tener en los
genes una combinación de polimorfismos que predispone al efecto
de los agentes externos.
"En este siglo, los médicos y los investigadores debemos estar
más conscientes de la contribución genética de cada individuo en
la susceptibilidad o las respuestas del organismo, como también
de características individuales como la alimentación o la forma
en que envejecemos... -dijo-. Los científicos cada vez conocen
más sobre la «ideología» de las enfermedades, lo que permite
atribuirlas a la herencia familiar, aunque hay que mirar también
hacia otros factores."
Los trabajos de centros como el Niehs en esta línea hacen
posible, a juicio del experto, que aumente la conciencia de la
relación entre el medio ambiente y la salud, como ocurre en el
asma, el mal de Parkinson o los desórdenes inmunes. Esto también
ayudará a conocer cómo responde el cuerpo a la exposición al
medio ambiente. "Entenderemos mejor cómo tratar las enfermedades
y, más importante, cómo prevenirlas", apuntó el investigador.
Por lo pronto, las tres grandes prioridades en el cuidado del
medio ambiente son el suelo, el agua y el aire. "Estamos
hablando de cuidar lo que respiramos, lo que comemos y lo que
tomamos y de cómo el ambiente que nos rodea influye en nuestro
organismo de manera positiva o negativa", finalizó Kleeberger.
Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION
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