EL CONSUMO DE ANIMALES:
UNA AMENAZA PARA LA VIDA
DEL PLANETA
Todos conocemos
las campañas de las asociaciones benéfico-religiosas para recaudar
la ayuda humanitaria necesaria destinada a paliar las hambrunas
endémicas del tercer mundo; sin embargo, quizá ignoramos que la
mayoría de dichas organizaciones están contribuyendo a agravar el
problema del hambre mundial - con el fomento del consumo de
animales -, que difícilmente tendrá solución a menos que se
eliminen las causas y los desequilibrios que lo producen.
La verdadera
solidaridad y cooperación está en contribuir a satisfacer las
necesidades reales de la humanidad, sin perjudicar al resto de los
animales y la naturaleza, teniendo en cuenta nuestra dimensión
física y espiritual que implica una alimentación ética adecuada a
nuestras necesidades biológicas, como base esencial para la
resolución pacífica de los graves problemas sociales y ambientales
que amenazan la vida del planeta:
EL HAMBRE
Los seis mil millones de habitantes
que poblarán la Tierra en el año 2000, deberán elegir entre una
alimentación sana de origen vegetal o arrasar y acabar con los
últimos bosques y la vida marina del planeta, lo cual no impedirá
la muerte prematura de cientos de millones de personas, a menos
que los limitados recursos naturales, como el agua y la tierra,
dejen de utilizarse para la producción de carne.
LA ENFERMEDAD
Los seres humanos no estamos bien
adaptados para consumir animales ni sus derivados: mamíferos,
peces, aves, huevos, leche, queso, mantequilla, etc. El consumo de
estos productos no sólo no es necesario, sino perjudicial para la
salud.
LOS DESIERTOS
La mayor parte de las tierras
fértiles del planeta se usan para producir comida para animales
domésticos. Una dieta vegetal requiere una décima parte del
espacio necesario para una dieta mixta vegetal-animal. Para
producir pastos y forrajes se destruye la cubierta vegetal natural
de los bosques, lo que hace que los ríos se sequen y la tierra
pierda su fertilidad. Los bosques actúan como una esponja,
reteniendo agua y permitiendo la evaporación y la formación de
nubes que regulan los extremos de temperatura. El Sahara es el
desierto más grande del mundo, y una parte del problema del hambre
en África se debe al avance del desierto, pero la desertificación
es un problema global que también afecta a España.