Bienestar animal en ARGENTINA
Especialistas e industriales coinciden
en que no se trata de otra barrera más a la exportación sino de una
oportunidad para diferenciar el producto, dadas las favorables
condiciones del país para la cría de ganado
Hace ya varios años que el bienestar animal dejó de ser una discusión
intelectual entre veterinarios, organizaciones no gubernamentales,
productores, industriales y funcionarios de la Unión Europea, los
Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda. No sólo circula
abundante información sobre el impacto del maltrato de la hacienda en
la calidad de los productos sino que ya existen normativas que
atraviesan las fronteras políticas. Esta legislación se apoya no sólo
en la exigencia de garantías de seguridad por parte de los
consumidores -espantados por crisis sanitarias como las desatadas por
la "vaca loca" y la influenza aviar-, sino en estimaciones del
perjuicio económico que generan malas prácticas de manejo ganadero. En
los Estados Unidos la industria cárnica pierde al año US$ 114 millones
(según datos de la National Beef Quality Audit, 2000, sobre una
muestra de 43.600 medias reses); en Australia, los hematomas en los
cortes cárnicos provocan al sector una caída en sus ingresos de US$ 30
millones anuales (sobre la base de datos de 1987); en Brasil. se
calcula que los daños en carcasas, la pérdida de peso en los viajes y
las muertes en tránsito, generan un perjuicio superior a US$ 184
millones anuales (el cálculo incluye las especies bovina, porcina y
ovina); en el Uruguay, las auditorías en las plantas exportadoras de
carne vacuna señalaron una merma de ganancias de US$ 58 millones en
2003.
En la Argentina no existen estimaciones oficiales del daño que causan
en la cadena cárnica las contusiones, los cortes oscuros (ph que
superan los valores normales), absesos por inyecciones mal aplicadas,
lastimaduras que pueden afectar hasta los huesos o enfermedades que
provocan la muerte de los animales durante el proceso de cría o el
traslado al frigorífico. Sólo algunas industrias cuentan con análisis
parciales de sus pérdidas. El Consorcio de Exportadores de Carnes
Argentinas (ABC) señala, por su parte, que en una muestra de 62.000
medias reses, el 40% registra lesiones en el cogote y en los bifes,
por prácticas de vacunación intramuscular, y un 10% registra golpes en
los mismos cortes. Según comenta Héctor Salamanco, el análisis que
efectúan las empresas asociadas a ABC revela que el mayor daño en la
hacienda se produce durante el preembarque y el traslado al
frigorífico. A partir de esta información, que será cada vez más
exhaustiva, se sugerirá a los proveedores medidas correctivas. "Aunque
la res sea de máxima calidad, la existencia de cortes golpeados y /o
con alteraciones de ph, genera una sensible disminución en su valor,
lo que obliga a su degradación o al decomiso de la porción afectada.
Evitar esos problemas hace al mejor aprovechamiento de un animal",
señalan los industriales en una carta dirigida a los ganaderos.
Según el especialista Marcos Giménez Zapiola, el costo del maltrato de
los rodeos es más visualizado en los frigoríficos de exportación que
por los ganaderos, puesto que hasta ahora sólo los primeros reciben
inspecciones y auditorías por parte de sus clientes e incluso de los
organismos sanitarios de los países de destino de las carnes.
Tal es el caso de Argentine Breeders & Packers, que hace más de cuatro
años elaboró un manual de prácticas de bienestar animal, para hacer
responder a las exigencias de la cadena inglesa de supermercados Tesco.
Para entrenar el personal utilizaron bibliografía de la norteamericana
Temple Grandin, que organizó el sistema de verificación de bienestar
animal que utiliza McDonald´s con sus proveedores. Hoy en día AB&P
efectúa alianzas con los ganaderos para capacitarlos en el trabajo a
campo, de manera que desde allí pueda asegurarse la calidad y el valor
de las carnes.
Ventaja competitiva
En opinión de Giménez Zapiola, la Argentina puede demostrar cómo el
medio favorece las rutinas productivas para lograr una diferenciación
de sus productos de origen animal. "Hasta el más necio de los
inspectores europeos aprecia que las condiciones en las que viven
nuestras vacas y novillos, incluyendo los que pasan una temporada en
corrales de engorde, son mucho más cercanas a la vida natural que las
que imperan en la UE, donde el standard de espacio se cumple si el
animal cuenta con la superficie necesaria para echarse, pararse y
asearse", explicó.
Hay, sin embargo, una salvedad. En el caso de producciones intensivas
como la porcina y la avícola -admite el especialista-, el balance
costo-beneficio de la adopción de prácticas de bienestar animal tal
vez no resulte tan favorable como para la ganadería bovina.
Para analizar este aspecto el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas
(CEPA) contrató una consultora que investigará puntos críticos como
enfermedades en las patas de los pollos (producidas por exceso de
peso), canibalismo, problemas gastrointestinales y respiratorios,
stress y uso indiscriminado de antibióticos y promotores del
crecimiento. Evaluar el costo de estos problemas estructurales supone
un nuevo ejercicio para la medicina veterinaria preventiva, comentó la
especialista noruega Hanne Stabursvik.
Fundamentación científica
El estudio del bienestar animal podría considerarse una nueva
disciplina, admite Norma Pensel, directora del Instituto de Tecnología
de Alimentos del INTA. La importancia de esta rama del saber resulta
evidente en una cifra: entre 1994 y 2002 la UE invirtió 11,5 millones
de euros en proyectos de investigación relacionados con el tema.
Pensel explica que "debido a que el bienestar animal no está cubierto
actualmente por el acuerdo OMC/SPS, los países miembros de la
Organización Internacional de Epizootias (OIE) se fijaron como
objetivo disponer de líneas directrices en la materia". Este
organismo, que tradicionalmente se dedicaba a la prevención de la
transmisión de enfermedades entre animales y los seres humanos, ahora
reconoce la necesidad de extender sus actividades normativas y
científicas al campo de la seguridad sanitaria de los alimentos de
origen animal en fase de producción.
Por Analía H. Testa
De la Redacción de LA NACION
Exigencias e hipocresías
Industrias intensivas como la del foie gras muestran la debilidad de
los planteos europeos
Ahora bien, ¿qué significa bienestar animal? ¿Existen diferentes
interpretaciones del concepto según el contexto cultural, científico,
económico, político y religioso? "Los europeos llevan décadas
trabajando sobre el tema pero no pueden llegar a definiciones muy
precisas porque éstas dejarían fuera de standard a gran parte de sus
industrias. Por eso terminan dando vueltas en torno de las cinco
«libertades» que se asegurar a los animales: del hambre y la sed, del
malestar físico y térmico, de la enfermedad y las lesiones, del miedo
y la angustia, y de desplegar sus patrones naturales de
comportamiento", explica Giménez Zapiola. El especialista indica que a
las producciones intensivas les será difícil adoptar prácticas de
bienestar animal pues difícilmente permiten esta última "libertad".
"La UE tiene un problema muy serio con la producción de foie gras, que
obviamente atenta contra el bienestar de los gansos", señala.
Desde su punto de vista, no hay consenso entre los países de la UE
sobre las exigencias que deberían cumplir obligatoriamente: "Para cada
propuesta que se aprueba surge un apéndice con excepciones y
prolongados plazos de tolerancia. No creo que haya normativas que
excedan nuestras posibilidades ni que nos obliguen a procedimientos
que no nos convienen".
Por el momento, admite Giménez Zapiola, "las medidas que figuran en la
agenda de la UE son un mero aggiornamento de nuestra industria
frigorífica. Se trata de tecnologías de proceso de muy bajo costo. En
algunos casos puede hacer falta un rediseño de instalaciones, pero más
que el costo de los cambios, hay que analizar las pérdidas actuales".
Link corto:
http://www.lanacion.com.ar/657526 del 27/11/2004


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