El Papa también dijo que el "cuidado solícito, no solamente hacia los humanos pero también hacia los animales y la naturaleza en general" que lo que San Francisco demostraba es "un eco fiel del amor con el cual Dios en el principio pronunció su ‘orden’ que los trajo a la existencia." Y, el Papa agregó, "nosotros también estamos llamados a una actitud similar."

Juan Pablo ha atestiguado la necesidad del ‘cuidado solícito, no solamente para los hombres, sino también para los animales."

En este testimonio, el Papa esta siendo fiel al mensaje del Evangelio en que Jesús también atestigua la necesidad del cuidado solícito de todo ser: "Te digo que, cuando rehúsas ayudar a uno de estos seres importantes, rehúsas ayudarme a mí." (Mateo 25:45 TEV)

 

EL PAPA Y LOS GATOS DESAMPARADOS: Juan Pablo II tenía un sueño

Por: J.R. Hyland

La primera vez que leí la historia del sueño de Juan Pablo II, la cosa que más me sorprendió fue el hecho de que era incluida en el libro EL AGENTE DE DIOS. Publicado en 1984, el libro fue el resultado de doscientos horas de conversación con el Papa. Estas entrevistas empezaron poco después de que el autor, Antón Gronowicz, fue presentado al Papa en 1979, y continuó por dos años, en el apartamento del Pontífice en el Vaticano.

Un ciudadano americano de descendencia Polaca, Gronowicz fue el viejo amigo de muchos hombres de altos puestos en la iglesia. Y en el prólogo de su libro, explica como fue que pudo sortear la burocracia del Vaticano. "Stefan Cardenal Wyszynski, Arzobispo de Polonia, me presentó al Papa, me familiarizó con los círculos del Vaticano y convenció el Padre Santo que debería pasar por encima del Departamento de Estado del Vaticano y otorgarme entrevistas privadas."

Subtitulado, "La Vida de Juan Pablo II Contado en sus Propias Palabras" el tema del libro varía de recuerdos de cuando el Papa era conocido como Karol Wojtyla, un hombre joven viviendo bajo la ocupación Nazi de Polonia, a sus reflexiones de los asuntos de justicia social, teología y la doctrina de la iglesia. Y en el medio de estas preocupaciones centradas en la humanidad, el autor dedica cuatro páginas a un sueño que el Papa le relata, acerca de un gato desamparado.

Esta interpolación sorprendente podría llevarnos a la conclusión de que el autor entendió el significado del sueño: que él es sensible a la situación difícil de las otras criaturas de Dios y la manera en que son abusados. Pero los comentarios que el hace mientras el Pontífice relata su sueño, indican que tenía poco entendimiento de las implicaciones de lo que le estaban contando. Pero de la manera en que su sueño preservó su vigor e inmediatez tantos años después, es obvio que era muy importante para Juan Pablo, y entendió totalmente sus implicaciones.

En su sueño, Juan Pablo sigue una mamá gata desamparada que está buscando comida y refugio para si misma y sus gatitos. La rechazan quienes no carecen de nada, y los hombres que representan las varias caras del Cristianismo establecido.

El sueño ocurrió en 1969 la noche antes que el Papa, conocido en ese entonces como Karol Wojtyla, visitara la Ciudad de Nueva York por primera vez. Era el final del verano y había estado viajando por Canadá. Habló de la belleza de sus campos y bosques y como deseaba tener más tiempo para caminar en los bosques vibrantes de color y con sus "oídos llenos de los cantos y voces de animales."

En el medio de esta discusión de Canadá, el Papa abruptamente cambió el tema y dijo, "La noche antes de mi partida de Canadá para Nueva York, que nunca había visto en la vida, tuve un sueño raro." Pero su sueño no era de bosques hermosos y calientes con el sol de verano. Fue de una ciudad llena de gente, frígida con el frío de un invierno norteño. Y aunque nunca había estado allí, su sueño capturó como se ve y se siente Manhattan después de una gran tormenta de nieve.

"Fue un invierno terriblemente severo en Nueva York; la ciudad estaba completamente cubierta de nieve. Los habitantes eran adinerados y vestidos con ropa caliente y caminando lentamente por las calles porque no se podían operar los carros, debido a los montones de nieve. Estaba feliz que podía caminar encima de la nieve en avenidas de blanco.

"Gasté todo mi esfuerzo físico caminando. Hasta hoy, imágenes de apartamentos enormes por los dos lados de la avenida y los porteros rápidamente abriendo y cerrando las puertas de entrada como si previniera que la humanidad y calor escapara están infundidas en mi mente.

Encima de la nieve, noté una gata café asomarse de una calle menor y caminar sobre la nieve. Observé más de cerca y para mi sorpresa vi que esta enorme gata era seguida por seis pequeños gatos de colores café y blanco, todos siguiendo la gata café en una línea perfecta. La mamá gata veía para atrás de vez en cuando para ver si sus bebés estaban allí, pero su preocupación mayor era alcanzar la puerta de entrada. Presumía que ella estaba tratando de encontrar calor para si misma y sus hijos, pero cuando llegó a la puerta, un hombre en un uniforme bien planchado brincó hacia ella con una escoba y los espantó. Seguí esta procesión y me preparé para darle un discurso al portero. Abrí la boca y traté de quejarme, "Donde está su generosidad proverbial americana? Donde está tu buen corazón americano y sentido de juego limpio? Déjalos entrar! Déjalos entrar!

Traté de hablar, pero las palabras no salían. Tal vez tenía miedo del portero con la escoba. Empecé a buscar por las bolsas de mi sotana un pedazo de pan, encontré algunas migajas y las puse en la palma, llamando ‘gatita, gatita, gatita.’ Pero las palabras no salían de mi supuesta boca inteligente. En vez de eso, el viento sopló las migajas de mi palma y dije, ‘que puedo hacer? No puedo hablarles a los gatos. No puedo hablarle al portero. Pero hay muchos pájaros hambrientos. Tal vez coman las migajas.

"Otra vez, caminé detrás de los gatos, ahora con un dolor en mi pecho, sintiendo un frío tremendo. A la izquierda, vi una iglesia y pensé, ‘Allí encontraremos ayuda.’ Escuché gente cantando y se me ocurrió la idea que debió de ser una iglesia Católica. La música aumentó como si estuviera tratando de convencer a Dios que le estaban rogando a Él.

La mamá gata cruzó en mi camino y subió las gradas seguida por sus gatitos. Levanté la cabeza y vi a un sacerdote Jesuita espantando a los gatos de las gradas. Pero cuando estaba al punto de gritar al Jesuita, "Soy un cardenal!" y darle la orden de aceptar los gatos, la mamá gata y sus críos se metieron detrás de la iglesia, porque era de allí que venía un delicioso aroma a comida. Probablemente había una cocina allí. Pero un segundo Jesuita apareció en la puerta de la cocina y espantó a los gatos. Volvieron a la avenida y empezaron a caminar hacia el norte.

"Caminaron por el mismo lado de la avenida que la iglesia Jesuita y los seguí. Llegaron a una iglesia imponente de ladrillo rojo. Un obispo anglicano apareció y les dijo a los gatos, ‘Mis queridos hijos animales, por favor vayan inmediatamente al refugio para animales. Allí les tienen comida. Nosotros el clero anglicano donamos mucho dinero al refugio de animales cada año durante la época de Navidad.’

"La gata mama y sus gatitos ni siquiera maullaron. Conocían la voz autoritaria del obispo Anglicano. Caminaron por la ciudad y gradualmente, se desaparecieron los edificios lujosos junto a los porteros y vimos viejos y dilapidados apartamentos.

"Conforme caminaban y los edificios se ponían más recaídos y sucios una puerta fue abierta, no por un portero, sino por una mujer vieja y arrugada en un vestido de algodón. [Ella vio a los gatos] y gritó ‘O pequeña mamá,’ y cuando abrió su boca, vi que tenía pocos dientes. Ella suavemente metió la mamá gata y los pequeños adentro, quienes brincaron felizmente porque el calor de la casa los abrazó."

La narración terminó cuando los gatos encontraron un refugio seguro con la mujer quien tenía muy poco. Cuando el Papa concluyó su sueño, el autor al cual lo relataba no hizo comentario alguno acerca de lo que había dicho. Pero si escribió que "No había visto una expresión tan triste en la cara de este hombre." Considerando que este era el mismo hombre quien ha relatado los horrores de su vida como un hombre joven durante la ocupación de los nazis, los comentarios del autor demuestran el impacto profundo que este sueño tuvo para el Papa.

Si el Pontífice ofreció un comentario de su sueño, Antón Gronowicz no lo comparte con el lector. Pero nos dice que Juan Pablo empezó a recitar la oración de San Francisco de Asís. "Señor hazme un instrumento de tu paz, donde hay odio déjame sembrar amor...donde hay oscuridad, luz y donde hay tristeza, alegría."

Muchos años después de que el Cardenal Wojtyla tuvo su sueño, y se convirtió en el Papa Juan Pablo II, hizo peregrinaje a Asís, el lugar de nacimiento de San Francisco. En el Mensaje de Reconciliación que dio allí, el Pontífice habló del amor del Santo para los animales y los humanos. Y comparó ese amor inclusive con la anticipación del Reino Pacífico, previsto por el Profeta Isaías; un mundo en el cual todas las criaturas vivirán en paz juntos.

El Papa también dijo que el "cuidado solícito, no solamente hacia los humanos pero también hacia los animales y la naturaleza en general" que lo que San Francisco demostraba es "un eco fiel del amor con el cual Dios en el principio pronunció su ‘orden’ que los trajo a la existencia." Y, el Papa agregó, "nosotros también estamos llamados a una actitud similar."

Algunas personas que leen estos comentarios están sorprendidas de encontrar en estos comentarios apoyo tan fuerte para las otras criaturas de Dios. Están sorprendidas de escuchar al Papa referirse a las vidas de los animales como manifestación del amor de Dios: vidas que merecen nuestro "cuidado solícito." Pero yo no estaba sorprendido. Cuando encontré una copia del mensaje que le dio en Asís, ya había leído "El Agente de Dios" y la larga historia del sueño del Papa. Yo sabía que si Juan Pablo II no hubiera querido que publicaran este sueño tan revelador, nunca hubiera aparecido impreso.

Entonces, a pesar de las pólizas y declaraciones de los hombres de la iglesia acerca de la misma, u otras persuasiones, que tratan de denigrar el valor e importancia de las vidas de las otras criaturas de Dios, sabemos que Juan Pablo II tuvo un sueño. Y aunque hombres de menos visión y menos desarrollo espiritual han cerrado sus corazones y sus mentes a las necesidades de otras criaturas, Juan Pablo ha atestiguado la necesidad del ‘cuidado solícito, no solamente para los hombres, sino tambiémn para los animales."

En este testimonio, el Papa esta siendo fiel al mensaje del Evangelio en que Jesús también atestigua la necesidad del cuidado solícito de todo ser: "Te digo que, cuando rehúsas ayudar a uno de estos seres importantes, rehúsas ayudarme a mí." (Mateo 25:45 TEV)

Derechos de Reproducción 2001, J.R. Hyland & Humane Religion Texto de GOD'S BROKER por Antoni Gronowicz, Richardson & Snyder NY, 1984, usado con permiso.

 
Domingo 6 de Junio de 2004

Hermandad con los animales




Juan Pablo II llama a hacer una
«conversión ecológica» 
(17.01.2001)


Juan Pablo II exigió una «conversión ecológica» como condición indispensable para evitar una «catástrofe» hacia la que en ocasiones parecería encaminarse el hombre. La armonía de las relaciones del hombre con la naturaleza «es trastornada continuamente por el pecado humano», reconoció. De este modo, al encontrarse esta mañana con miles de peregrinos de los cinco continentes con motivo de la tradicional audiencia general de los miércoles, el Santo Padre abogó con claridad a favor de una «ecología humana». Una ecología, aclaró, «que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y preparando a las generaciones futuras un ambiente que se acerque más al proyecto del Creador» (Zenit)

 

ES INDEBIDO HACER SUFRIR A LOS ANIMALES





"
L'Osservatore Romano" censura éticamente las corridas de toros y otras crueldades inútiles
 



«No hay justificación para que el hombre haga sufrir inútilmente
a los animales». Así de claro lo escribe el diario oficioso de la Santa Sede en un artículo en el que afronta cuestiones tan delicadas como el valor ético de las corridas de toros.

El artículo, publicado por «L'Osservatore Romano»
(edición francesa 16 de enero de 2001, p. 10) con el título «Por una relación más justa con los animales», está firmado por Marie Hendrickx, teóloga que trabaja en Roma al servicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuyo prefecto es el cardenal Joseph Ratzinger. La intervención del órgano informativo Vaticano cobra interés tras dos importantes llamamientos lanzados recientemente por Juan Pablo II: «¡Salvemos al hombre!» (el 13 de enero al dirigirse al Cuerpo diplomático) y la invitación a evitar «la catástrofe ecológica» a favor de una «ecología humana» en su última audiencia general (Zenit, 17 de enero).

 

«Si una relación justa con Dios hace justas a las personas y benevolentes en su relación con los animales, la benevolencia hacia los animales podría por su parte despertar en el corazón del hombre sentimientos de admiración y alabanza por la obra grandiosa del Creador del Universo», escribe la teóloga belga. Respondiendo a las organizaciones ecologistas que reprochan a la Iglesia su visión bíblica de la realidad, según la cual el medio natural es considerado como el marco de la actividad humana, el artículo plantea interrogantes decisivos.

«El derecho a servirnos de los animales para alimentarnos, ¿implica el criar a los pollos en batería, en un espacio más pequeño al de una hoja de papel? O el que las terneras estén encajonadas en un recinto en el que no se pueden mover y en el que no verán la luz?», pregunta. «El derecho a utilizar los animales para la confección de los vestidos --añade--, ¿implica el dejar morir lentamente de hambre, de sed y de frío o de hemorragia en trampas a animales cuya piel es preciosa?».

También el pasatiempo está comprendido en los interrogantes suscitados por el artículo. «El derecho a ser asistidos por animales en nuestro tiempo libre, ¿implica el matar a los toros después de haberles atormentado durante un buen tiempo con banderillas? ¿Implica el reventar los caballos? ¿Implica el lanzar gatos o cabras de lo alto de un campanario?».
 

La lista podría continuar. La teóloga escoge un caso concreto para argumentar su respuesta, la experimentación científica con los animales. La versión del Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 decía que «Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, PUES contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas» (n. 2417).

La versión definitiva del Catecismo publicada después dice: «Los experimentos médicos y científicos en los animales son prácticas moralmente aceptables SI permanecen en los límites razonables y contribuyen a curar y ahorrar vidas humanas». El cambio que ha hecho la Iglesia, explica Hendrickx, está en que el «pues» se convierte en «si» condicional. «Ya no se acepta a priori el que los experimentos médicos y científicos contribuyan a curar o ahorrar vidas humanas. Antes de ser legítimas, estas operaciones deben demostrar su utilidad».

El número 2418 del Catecismo, en este sentido, es claro: «Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas». En particular, la teóloga afronta el tema de los espectáculos basados en la lucha y sufrimiento de los animales, como las corridas de toros. «Un atentado a la vida, un sufrimiento infligido a un ser humano, que es un fin en sí mismo, sólo es moralmente justificable en el caso en que permita a quien lo sufre (y eventualmente a otros) vivir mejor, intensificar y mejorar sus relaciones humanas, acercarse a Dios. En el caso de los animales, el sufrimiento no puede ser infligido legítimamente si no es en condiciones análogas».

«Esta observación --concluye la teóloga-- puede ayudar a aclarar el problema de los espectáculos, que comportan violencia contra los animales». Reconoce que con frecuencia se trata de fiestas ricas de color y de folclore, y «es fácil comprender el que las masas queden fascinadas por el espectáculo de la inteligencia humana que triunfa contra la fuerza bruta y desencadenada».

«Puede comprenderse, además, que de esta experiencia surja un sentimiento de solidaridad y emoción común, que parece justificar el sacrificio del animal y el riesgo que puede correr el hombre», añade. Pero, pregunta, «¿se trata de una solidaridad real, de un acercamiento auténtico entre las personas? ¿Se da una auténtica purificación colectiva de la agresividad?». No, afirma Hendrickx, más bien sucede lo contrario. «Hay que poner todos los medios para lograr aquello que constituye el valor del espectáculo, pero sin que eso se haga a expensas del animal y sin riesgos excesivos para el hombre».

 

 

 



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