Aún con la rabia por el atroz
asesinato de un toro en un pueblo atávico y sanguinario, paradigma de
la más siniestra España profunda, hoy he empezado a recibir las
fotografías de la manifestación en Tordesillas. Me parece incluso
bello y en extremo significativo el flagrante contraste entre dos
maneras de concebir la vida y nuestra relación con el mundo.
En las fotos se ve el grupo de
manifestantes con la expresión en sus caras de tener la firme
convicción de que es posible cambiar lo que parece imposible, mientras
un grupo de seres cuya mente no lograré comprender jamás, les rodea
blandiendo palos, garrotes, probablemente defendiendo a ultranza lo
único que alimenta sus yermas vidas. No llego a imaginar que especie
de trance sanguinario o locura colectiva puede convertir a personas
con quienes cruzarías un buenos días al ir a pasear, con individuos
que esperan con ansia y deseo el poder torturar a un animal cuyo único
delito ha sido pesar 600kg y nacer en el país equivocado.
Después de años de campañas con
diferentes estrategias y, esperanzados por la creciente corriente anti-taurina
que parece estar llegando a numerosos rincones de nuestra geografía,
se ha hecho historia. Y lo pienso y siento mientras contemplo las
fotografías de todos esos héroes que el domingo acudieron a
Tordesillas: habéis hecho historia. Y sólo puedo deciros gracias.
Núria Querol i Viñas