INTELIGENCIA DE PERRO
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Por Eduardo Lamazón
Me preguntan si los perros pueden ser
considerados inteligentes. Me sorprende la pregunta porque para mí la
mayoría de los perros son más inteligentes que muchos seres humanos
que conozco.
Mis perros Didi, Gorbi y Felipe unas
veces entienden y otras no entienden. Si les digo que se suban a la
cama, entienden. Si les digo que se bajen, no.
Una buena amiga amante de los
animales, Angélica López Fraile, me escribe desde Chile para pedirme
que la auxilie, porque es motivo de burlas cuando trata de polemizar
con amigos sobre la inteligencia o no inteligencia de los perros. Le
dicen, claro, que los animales son irracionales y que eso los hace
inferiores.
No hallo ninguna sorpresa en este
arrebato de suficiencia antropocéntrico que he escuchado inclusive a
pensadores de buen calibre. Que no saben nada, por supuesto, de la
necesidad que tiene el mundo de que revaluemos la vida, todo lo vivo y
la naturaleza que es nuestro continente.
La gente precaria que escucha una
tontería y la repite hace un daño involuntario muy grande. Mientras se
piense que los animales son inferiores descansan cómodamente las
conciencias de quienes los usan para comerlos, para vestirse y para
divertirse.
Muchos animales aventajan al ser
humano en fuerza, velocidad, percepción auditiva, vista, olfato, sin
que esto signifique que son superiores sino que tienen aptitudes
diferentes.
Es tan evidente para cualquier
inteligencia mediana que los animales no humanos son para la
naturaleza sólo otra especie –nosotros una, ellos otra—y que es
vergonzoso para los “superiores” someterlos y degradarlos con el único
argumento de la fuerza-inteligente, que parece mejor negarlo que
aceptarlo porque aceptarlo duele.
El que no se conduele no es culto ni
sensible, no piensa ni razona, es decir no es superior sino un
esperpento de soberbia, y tiene una relación viciada con lo que en el
mundo está vivo.
Como quien se pone un saco “se ponen”
algunos la inteligencia que niegan a los animales, sin ruborizarse por
lo que hacen con su pretendida superioridad. Lo que hacen es ser
crueles, torpes, violentos, depredadores, asesinos, carniceros,
insensibles, indolentes, omisos.
No ven en los animales inteligencia.
¡Qué van a ver! Se morirían de vergüenza si tuvieran que reconocer en
los animales cualidades de fidelidad, solidaridad, bondad y amor que
ellos no tienen.
Inteligencia es la capacidad para
resolver problemas, en una de sus acepciones. Muchos hombres
tienen capacidad sólo para crearlos.
Inteligencia es también capacidad
para comprender, aprender o asociar.
Los animales humanos y no humanos
tienen formas de inteligencia distintas.
Y torpezas distintas también. ¿Los
hombres que se creen superiores habrán observado qué poco se equivocan
los animales?
Con la misma abyección con que hoy se
pretende negar igualdad de derechos a los animales, en otras épocas
oscuras para la inteligencia se procedió igual con las mujeres (Thomas
Taylor en 1792 escribió ‘Reivindicación de los derechos de los brutos’
para ridiculizar ‘Reivindicación de los derechos de las mujeres’ que
el mismo año había escrito Mary Wollstonecraft).
¿Para qué traigo este ejemplo? Para
afirmar que los grandes cambios culturales son cuestión de tiempo. Si
los años traen a los hombres una evolución razonable, alguna vez se
concluirá que el martirio animal de estos tiempos fue una de tantas
miserias de pobreza espiritual y racional.
Una demostración inteligente mínima
en un ser humano educado, supongo, es la que ejercita el que es capaz
de conmiseración, de hacer y pensar para un mundo mejor, de ser
solidario y agradecido, respetuoso con la naturaleza y con la vida,
hacedor y protagonista de buenos ejemplos, comprometido con el
ambiente y el mundo que lo contiene.
El que se prohíbe cuestionarse si el
más débil merece respeto, pero se lo da.
No es gran cosa el
hombre tosco, ignorante, larvario, que en lugar de ver al perro, al
animal, a lo otro que hay por ahí con indulgencia, se preocupa por
hacer notar su pretendida e inexistente superioridad.
Hay quienes quieren que todo mejore,
sin mejorar ellos.
Tienes que educar con el ejemplo,
Angélica, y nada más. Siempre da resultado. Es la única manera de
educar.