MARIO CRUZ OPINA:
¡SÍ A LAS CORRIDAS!
¿Pues no que
Mario Cruz es defensor de los animales?, se preguntarán algunos por el
título de este artículo. Momento. Lean, y verán a dónde me dirijo...
Hace un par de días tuve la desgracia de leer la columna de Paco
Ignacio Taibo I que regularmente se publica en la sección cultural de El
Universal. En el artículo en turno, el respetado y hasta venerado
pro-hombre de la cultura nacional (venerado por el sistema, no por mí,
claro), realiza una apología de las corridas de toros, elevándolas al
nivel del arte, adornando su opinión con los idiotas lugares comunes que
suelen utilizar los defensores de eso que no es arte ni cultura, sino un
simple y vulgar negocio. Dice el gran escritor Taibo (perdón, me acabo
de carcajear) que si no fuera por las corridas de toros no habrían
existido joyas de la literatura y la música, y menciona a Hemingway, a
la ópera Carmen y demás. Perdonen mi ignorancia, pero he visto en un par
de ocasiones la ópera Carmen, de George Bizet, y me parece que no es una
apología de las corridas de toros, sino el marco y el entorno para el
desarrollo de una trágica historia de amor. Y en cuanto a Hemingway, me
gusta “El viejo y el mar”, y nada más, y esa no habla de las corridas de
toros. Sé que a Hemingway le gustaba presenciar ese “espectáculo”, y me
parece totalmente deplorable, pero más deplorable el que el
cultísimo(?!) Paco Ignacio Taibo recurra a esos ejemplos facilotes para
fundamentar sus chocheras, digo, sus dichos. Además, eso de decir que si
no fuera por las corridas de toros no habrían existido joyas literarias
o musicales, sería como decir que si no hubiera sido por los nazis no se
habría escrito el diario de Ana Frank, y que por lo tanto ¡que vivan los
nazis!
Esto me lleva a confirmar una vez más lo mal que está la cultura
en México. ¿Qué clase de gentuza es la que conforma las capillas
literarias, institutos de cultura y las guaridas del sistema? Los
modernos “líderes” de la sociedad mexicana son una mierda. Recordemos la
visita a China de Fox y compañía, cuando la comitiva, y entre ellos Sari
Bermúdez, Secretaria de Cultura, se pusieron a corretear como retrasados
mentales, sin ningún respeto, entre los Guerreros de Terracota, que son
patrimonio cultural de la humanidad. Los chinos deben haber pensado que,
si así se comportan los dirigentes, el resto de los mexicanos debemos
ser una horda de salvajes, y encima tarados. Es como si, en una visita
oficial, el presidente chino y su comitiva se pusieran a jugar al tiro
al blanco con la Virgen de Guadalupe, en plena Basílica (de un símbolo a
otro, en lo personal me quedo con los Guerreros de Terracota).
Y para ahondar en el tema taurino, basta hojear la sección de
sociales de cualquier periódico los lunes. Ustedes pueden hacer ese
pequeño ejercicio. Miren las fotografías que hay en la primera plana de
esa sección. Muy probablemente serán de la corrida del día anterior.
Ahora observen quiénes aparecen en las fotos: personalidades del medio
“artístico”, televisivo, cultural, político y religioso (católico,
generalmente). Gente que declara públicamente estar a favor de la vida,
que denuncia el aborto, el condón y hasta las películas y libros de
terror como parte de “la cultura de la muerte”, pero que en esas fotos
se muestran sonrientes y complacidos ante las “hazañas” de los
matanceros en traje de luces. Lo peor de todo es que en esas mismas
fotos verán a muchos de ellos acompañados de sus hijos. Se han realizado
estudios sicológicos en convictos, en los que se demuestra que los niños
que maltratan a los animales, o son testigos recurrentes de maltrato a
los mismos, tienen una alta probabilidad de convertirse en asesinos,
violadores, secuestradores, (o delincuentes de cuello blanco como los
del Fobaproa), cuando llegan a la edad adulta. Ah, pero claro que no le
echarán la culpa a las corridas de toros, las peleas de perros o las
peleas de gallos. La culpa la tendrán las canciones de Marilyn Manson,
las películas de Clive Barker y hasta los modestos libros de este
humilde servidor. ¿Cuántos padres de familia que han quemado “Obra del
Maligno” no serán aficionados a la tauromaquia?
“¿Pero cómo se atreve un escritor que hace apología del sadismo y
la violencia (y el satanismo, dirán, seguramente) a hablar en contra de
las corridas de toros?”, replicarán esos padres de familia y esos
pulcros representantes de la cultura mexicana. Primero, mis escritos son
ficción literaria. En las corridas se asesinan a toros de carne y hueso.
En el género de terror existe la justicia poética, y los que mueren
destazados o en cualquier otra forma son los que se lo merecen. En las
corridas de toros se matan con lujo de crueldad a seres inocentes, y eso
ocurre en la realidad, no en un libro. Y en mis escritos, los que mueren
son los humanos, no los animales (en Luces en el bosque muere el pastor
alemán, pero su existencia continúa junto al niño que era su amigo, más
allá de la muerte). Además, las corridas de toros no implican una lucha
en igualdad de condiciones, pues son conocidas las artimañas de que se
valen, en muchas ocasiones, para “ablandar” a los toros: untarles
irritantes en las patas, vaselina en los ojos para nublarles la visión,
limarles los cuernos, clavarles agujas en los testículos, etcétera. ¿Por
qué no se enfrentan los toreros a mano limpia contra un toro en
perfectas condiciones? A ver qué tan machos serían...
Si estuviera
en mi poder, no dudaría en prohibir las corridas de toros, las peleas de
gallos y las peleas de perros. Y antes de que esos seudointelectuales me
descalifiquen diciendo que estoy loco, me permito recordarles, o por si
no lo saben, que en el siglo XIX alguien llevó a la práctica esas
prohibiciones. Su nombre era BENITO JUÁREZ, quien antes de llegar a la
presidencia, cuando aún era gobernador de su natal Oaxaca, uno de sus
primeros decretos fue la estricta prohibición de las peleas de gallos y
las corridas de toros en todo el territorio de su jurisdicción,
calificando esas fiestas como “SALVAJES E INDIGNAS DE UN
PUEBLO CIVILIZADO”.
Actualmente vivimos bajo el neoliberalismo panista de ultraderecha
que a toda costa pretende manchar y desvirtuar la memoria de Juárez (en
el colegio católico donde estudié lo llamaban “el Beno”, y en la clase
de Historia, sí, de Historia de México, me enseñaron que, al morir, “el
Beno” se fue al Infierno), pero lo cierto, para mí, es que sólo Don
Benito Juárez y Don Lázaro Cárdenas han sido los únicos presidentes
estadistas de México. Todos los demás han sido una punta de bribones,
ladrones y vendepatrias (incluyendo a Madero, quien además se sentía
médium). JUÁREZ, en cambio, ha sido el único y auténtico presidente
humanista de este país, el único que se atrevió a promulgar un decreto
en contra de las corridas de toros y los intereses que de éstas siempre
se han generado. No recuerdo si fue el propio Juárez quien dijo que “el
grado de civilización de un pueblo se mide por su respeto a los seres
indefensos”.
Así que dejémonos de pretextos: las corridas de toros no son sino
un enorme negocio del que participan actualmente no sólo quienes las
organizan, sino los medios de comunicación y hasta el clero. ¿Acaso los
curas no bendicen a los toreros antes de que salgan a la matanza? ¿A eso
le llaman arte y cultura? ¡Qué hijos de puta! Sí, tú también, maldito
ruco taurófilo... La ópera Carmen... ¡qué pelmazo!
Pero en vista de que no voy a convencer a quienes están a favor de
las corridas, les propongo algo. Ya que, según ellos, lo que les atrae
es el oropel, es decir, la música del pasodoble, el paseíllo, los trajes
de luces, los capotes, el ruedo, la arena, el-sol-y-sombra, y el
ambiente y “tradición” que rodean a la matanza, a lo cual le llaman arte
y cultura, lo que les propongo es que siga todo ese aparato, ese oropel,
sólo que con una pequeña variación: sustituír a los toros, que son
animales inocentes, por otros animales, que de inocentes no tienen nada.
Es por eso que este escritor servidor de ustedes propone:
SÍ A LAS
CORRIDAS... ¡DE HUMANOS!
Y muy especialmente, de toreros, sí, de esos que dicen tener la
vocación, la entrega y el “valor” para la fiesta brava. Que siga la
fiesta tal cual, con sus pasodobles, sus paseíllos, jueces de plaza y
demás, sólo que en lugar de que salga al ruedo un toro de Mimiahuapan,
que mejor salga uno de esos toreros, con traje de luces si lo desea,
previamente ablandado con un irritante en los pies, agujas en los
testículos, vaselina en los ojos y con las manos atadas, por aquello de
que se pudiera defender más de la cuenta. ¿Quiénes lo torearán? Pues los
nuevos toreros: los anti-toreros, provistos de capotes y banderillas
iguales a las de antes. Habrá lanceros de a caballo, que le clavarán la
misma lanza que usaban en los toros, para debilitarlo todavía más.
Luego, el primer par de banderillas: dos bien clavadas en la espalda del
torero, haciendo que la sangre chorree a través del traje de luces.
¡Ole! ¡Ole! Ya me lo imagino. ¡Qué buen espectáculo! ¡Ahora de verdad
sería arte, fiesta brava y tradición! Que sigan unos cuantos capotazos.
Venga la “Verónica”. ¡Ole! Ya es tiempo de un nuevo par de banderillas.
¡Eso! ¡Anti-torero! ¡Mataor! ¡Aplausos, y que suene el pasodoble! El
torero ya se tambalea, pero aún tiene que seguir con vida para el acto
final: ¡la puntilla!
¡Auch! ¡El
anti-torero no le atinó a la primera! ¡Le clavó el cuchillo chocando con
las vértebras cervicales! ¡Dejó al torero paralítico, pero aún no lo
mata! Bueno, nadie es perfecto... Lo intentará de nuevo. ¡Ahora sí! ¡Lo
consiguió, y el torero cae muerto al instante! Gritos de entusiasmo...
¡La orquesta toca la diana! El juez de plaza declara que, puesto que no
descabelló a la primera, sólo recibirá una oreja y un testículo. Peor es
nada... De todos modos, el anti-torero sale del ruedo entre una lluvia
de claveles y los aplausos del respetable, mientras al torero muerto lo
sacan con el consabido arrastre. Mañana, el distinguido público que
acudió a la corrida aparecerá en la sección de sociales. Claro que no
será el mismo público de antes, porque esos, los de antes, están
actualmente siendo preparados y alimentados en las ganaderías de
humanos, con miras a la corrida del próximo domingo.
No se pierdan el próximo cartel: van a torear a un obispo que
antes asistía, con todo y puro, a las corridas de toros; y a un alto
ejecutivo de una empresa televisiva que disfrutaba con el sufrimiento de
un pobre animal. Ahora ellos serán las víctimas. Y yo, con mucho gusto,
ofrezco mis servicios como juez de plaza. Así puedo determinar quién
merece las dos orejas y quién no.
Que todo siga prácticamente igual, salvo con ese pequeño cambio, y
complaceremos a los medios de comunicación que incluyen las corridas en
sus secciones de deportes. Ah, y desde ahora pienso tomar lecciones de
novillero para que un día pueda torear a Paco Ignacio Taibo cuando le
toque su turno de derramar su sangre en el ruedo. Ya que le gustan tanto
las corridas, ¿por qué privarlo de ser el protagonista de una de ellas?
¿Ya ven cómo sí estoy a favor de las corridas? ¡Olé!