Algunas bases
para comprender a nuestros perro
Seguramente todos recordamos como un día
especial aquel en el que volvimos a casa con nuestro primer
cachorro en brazos. Casi todos los que compartimos esta
revista también recordaremos la primera vez que un cachorro de
nuestra cria partió hacia su nuevo hogar. Ambos lados de esta
historia depositaron en ese momento un mismo anhelo: el
comienzo de una relación larga y fructífera entre ese cachorro
y sus nuevos amos.
Indudablemente, gran parte del éxito de
esa empresa descansa en que la relación entre esos individuos
pertenecientes a dos especies distintas pero tan afines desde
hace tantos miles de años se desarrolle correctamente. Para
ello es necesario que se comprendan lo mejor posible, y como
el perro no puede adaptar su patrón comportamental específico
a otro, somos nosotros los que debemos tratar de conocer cómo
funciona este nuevo compañero y darle las mejores condiciones
para que sus esquemas comportamentales no choquen con los
nuestros y con nuestra cada vez más complicada rutina de vida.
Se considera que adjudicarle a nuestro perro características,
virtudes y defectos humanos (la llamada antropomorfización) es
el problema más importante. El desconocimiento de que estamos
frente a otra especie que tiene patrones de comportamiento y
esquemas de pensamiento diferentes a los nuestros es no
respetarlos. Pretender que este nuevo compañero cumpla un rol
para el cuál no está preparado, es la principal causa de los
fracasos en la tenencia de perros, la generación de
situaciones conflictivas, dañinas especialmente para el perro
y hasta peligrosas para la familia propietaria, ya que son la
causa de la gran mayoría de los casos de agresión. Si queremos
un bebé, realicemos los tramites biológicos o legales propios
de nuestra especie para conseguirlo. Si queremos un objeto
bello hay muchas otras alternativas más limpias, más
silenciosas y menos laboriosas.
Quiero que ordenemos algunas ideas que
muchos conocemos y que son importantes de ser transmitidas
correctamente a los nuevos dueños a fin de que se establezcan
desde el comienzo las bases de una correcta relación
amo-perro.
El perro es esencialmente un animal
social y estructura toda su vida y sus actividades con
respecto a sus compañeros. En la vida salvaje, éstos son los
otros perros pertenecientes a su grupo social o manada. En
nuestro caso, esos compañeros de manada son todos los animales
de la casa, incluyendo otros perros y los humanos que vivimos
allí. Como el perro criado en forma doméstica tiene lo que se
llama una doble huella, imprinting, o impresión que recibe
luego de nacer tanto con la especie canina como con la humana,
reaccionará ante nosotros de la misma forma que lo haría con
otros perros. La manada tiene una estructura social vertical
basada en niveles jerárquicos. Gracias a los programas de
divulgación televisivos todos hemos oído hablar del macho
alfa, que es el líder del grupo. Los demás integrantes de la
manada van tomando posiciones jerárquicas en sentido vertical
según distintas cuestiones como poderío físico, iniciativa de
mando y oposición encontrada. Esta es la única manera en que
el perro puede relacionarse con otro animal con el que
convive, incluyéndonos a nosotros. No es bueno ni es malo; es
así. Su cerebro no puede funcionar de otro modo estableciendo,
por ejemplo, relaciones donde considere a otro de igual a
igual, su par, como sí lo podemos hacer nosotros aunque a
algunos empleados públicos detrás de un mostrador les cueste
aceptarlo. El perro solo puede hacerlo dentro de un esquema
jerárquico vertical. Quiero aclarar que esto no significa la
guerra ni mucho menos y que estas escalas jerárquicas son
dinámicas. El macho que mandaba se pone viejo o enferma y el
hasta hace poco cachorro es ahora un joven fuerte que ya no
acepta su rol y pasa a un nivel superior. Estos cambios pueden
darse inadvertidamente para nosotros, mediante mensajes
posturales, comunicación sutil que muchas veces no captamos
plenamente. No debemos esperar una batalla donde uno venza al
otro.
El esquema de jerarquía vertical de la
manada la hace muy estable y provee seguridad para sus
integrantes.
¿Cómo se comunican los perros sus roles
dentro del grupo? Existen unos pocos puntos fundamentales que
implican prerrogativas:
-Territorio: los superiores ocupan los
sitios mejores, más importantes o estratégicamente ubicados.
-Comida: los líderes comen primero y
muchas veces su sola presencia hace que los demás les cedan
sus raciones.
-Sexo: los superiores tienen prioridad
para la reproducción (a veces son los únicos) y lo realizan a
la vista de los demás.
-Privilegios: en general los
jerárquicamente superiores gozan de diversas prerrogativas
sobre los demás.
Como dijimos que esto es dinámico, todo
el tiempo hay pequeños conflictos sobre algún privilegio. Si
para dirimir cada uno de ellos se generaran luchas donde un
perro tuviera que matar a otro para establecer su derecho,
resultaría muy costoso para la manada y para la especie en
general. Por lo tanto los perros han desarrollado formas de
comunicación complejas, que incluyen sonidos, gestos y
posturas, que tienden a ritualizar la pelea. Tiene lugar una
especie de teatralización o representación por medio de la
cual un individuo le demuestra al otro que es mejor que no se
peleen. El otro, a su vez, le comunica con gestos de sumisión,
que acepta ese rol y con esto frena la agresión. Lo vemos todo
el tiempo observándolos en casa o en una plaza. Si
intervenimos lo único que haremos es entorpecer esa
comunicación y cambiar el papel jerárquico de cada uno, ya que
nuestra tendencia es defender al más débil, al que está
tomando actitudes de sumisión, por lo cual el dominante tendrá
que poner mayor énfasis en demostrar su superioridad.
Empeoraremos los términos del diferendo.
Estas formas de comunicación y de
relación con sus congéneres las desarrolla el cachorro desde
edad temprana y es importante no aislarlo durante este
período. Lo recomendable es no separar al cachorro de sus
hermanos y su madre antes de las 8 semanas. A partir de allí
se lo debe seguir estimulando en el sentido social con sus
congéneres y con diferentes tipos humanos. Debo aclarar que la
costumbre extendida de no sacar al cachorro hasta completar su
plan de vacunas es errónea. Este es un período de riesgo para
el cachorro, pero lo es aunque permanezca en su casa. Debemos
hacer un buen plan de vacunación y evitar sí sitios que
sabemos particularmente riesgosos, como podrían ser una
exposición canina o una feria de reventa, para minimizar los
riesgos. Pero la idea de que un cachorro está aislado por el
solo hecho de no salir a la calle es completamente errónea,
salvo que hablemos de un espacio estéril donde antes de entrar
nosotros mismos nos coloquemos ropas estériles. Aunque no me
gusta hacer paralelismos con los humanos, comparemos esta
situación con un bebé al que no llevamos a casa de un pariente
si hay alguien con anginas, pero no dejamos de sacarlo de
paseo, de dejarlo jugar con otros niños o de ir a la escuela
hasta que complete su plan de vacunas a los 16 años ya que
obtendríamos un monstruo.
Volviendo al tema de la jerarquización
debemos trabajar sobre los puntos mencionados más arriba. En
su nuevo territorio debemos adjudicarle un sitio
jerárquicamente poco importante, la cocina, un lavadero, un
sitio confortable en el garaje. Nunca el dormitorio, menos
nuestra cama, ni el living ni los sillones, ni un pasillo
distribuidor de los dormitorios, sitios sumamente
estratégicos. Esto como sitios de ocupación permanente. No
quiere decir que no podamos permitirle, solo bajo nuestra
iniciativa y permiso, que mire TV con nosotros en un sillón.
No se trata de extremismos sino de mantener la actitud de
iniciativa del manejo de la ocupación de los espacios.
Jamás debemos responder a los
requerimientos de nuestra comida, debido al mensaje que esto
conlleva. Estamos cediendo nuestra comida ante el
requerimiento de otro individuo y sabemos que para el perro
este es un claro y fortísimo mensaje de sumisión de nuestra
parte. Y en general debemos tener el dominio de la iniciativa
de cualquier interacción. Estas deben ser muchas, para eso
tenemos un perro. Debemos mimarlo, jugar con él, sacarlo a
pasear, cepillarlo. Pero siempre es nuestra decisión qué se
hace y cuándo.
¿Qué está bien y qué está mal?
Salvo los de los dibujos animados, los
perros no tienen valores morales para decidir sobre el bien y
el mal. El perro relaciona eventos que ocurren
simultáneamente. Según los expertos, el rango de relación se
extiende a medio minuto. Si cierto hecho, si cierta conducta
se relaciona con algo positivo, agradable, ésta conducta será
considerada buena y tenderá a ser repetida. Si, por el
contrario, las consecuencias de cierta conducta son
desagradables, ésta tenderá a no ser repetida. En esto se basa
todo el entrenamiento. En generar una conducta deseada y
alentarla simultáneamente. Este hecho que suena tan simple
debe tenerse siempre en cuenta si queremos que el cachorro
considere bueno lo que es bueno también para nosotros. Nunca
debemos premiar, alentar o castigar por un comportamiento que
no esté sucediendo en ese momento. Ejemplos clásicos son los
destrozos u orinadas que encontramos en casa al regresar y que
fueron realizados quizás hace horas y el perro que vuelve
finalmente a nuestro lado después de haber escapado. En el
primer caso el perro entenderá nuestro reto y tomará actitudes
de sumisión para apaciguar nuestro enojo (muchas veces
pensamos que “se da cuenta que hizo mal”) pero no relacionará
los hechos y menos tendrá un juicio moral sobre su
comportamiento. En el segundo caso el perro relacionará el
reto no por haberse escapado diez minutos antes sino con su
regreso; la próxima vez tardará más en volver.
Muchos consideran que el temperamento y
la conducta final de un perro dependen solo un 20% de la
genética y 80% en el desarrollo de estos dos parámetros
fundamentales a los que tratamos de asomarnos en esta nota.
Estos son una correcta jerarquización y una correcta
socialización. Más allá de las cifras que le pongamos, es
evidente la tremenda, primordial importancia de nuestro
accionar desde inclusive el período fetal. Y nuestro correcto
manejo depende en medida fundamental del respeto al perro como
especie diferente a nosotros con sus características propias.
Si los humanizamos, sin dudas los perjudicamos.
Gustavo Ficher
Médico veterinario
Cirujano
-
cirugía plástica y reparadora
Clínica
Médica de Pequeños Animales.
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