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No
tiene nada de sorprendente esta iniciativa de Víctor Hugo cuya obra
está impregnada de un extraordinario amor a los animales y en
particular a los perros.
En
su pieza Marion Delorme (1831), dos personajes discuten sobre las
heridas que los rivales se pueden causar en un duelo Uno de ellos
pronuncia estos versos que ciertamente apuntan a los biólogos:
Según
Usted, y como Usted ve, pienso que es falso que la sangre pase por la
yugular y se debería castigar a Pecquet y a los sabios, que rajan los
perros vivos para mirarles los pulmones. (Jean Pecquet era un anatomista
del siglo XVII)
Víctor
Hugo tuvo varios perros; uno de ellos se llamaba Ponto, e inspiraba al
escritor más que los demás ya que dio su nombre a un poema de
Contemplations escrito en Jersey en 1855.El poema comienza así:
Le
digo a mi perro negro: Ponto, vámonos...y
me voy por el bosque como si fuera un campesino.
Los
relatos de atrocidades que pudo leer paseando lo convencieron de la
inocencia del perro. Y añade:
"El
Perro es la Virtud Que
pudiendo hacerse hombre
se hizo animal"
y
Ponto me mira con sus ojos francos.
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EL
REGRESO DE BARON
Hay
dos anécdotas protagonizadas por perros de Víctor Hugo que resultan muy
extrañas y todavía hoy no se les ha encontrado ninguna explicación:
Un
día, le ofrecieron al escritor un caniche llamado Baron. El animal se
pegó a su nuevo dueño, cuya vida, era incompatible con la guarda del
animal ya que era muy agitada. Y Baron fue regalado al Marqués de
Faletans, agregado de la embajada en Moscú. Éste decidió llevarse a
Baron a la capital de todas las Rusias. Pero varios meses después,
Víctor Hugo recibió una carta del marqués informándole de la
desaparición del perro.
Pasaron
varias semanas, hasta que una noche, en Paris, la criada del novelista
se despertó a causa de unos ladridos quejumbrosos, que se oían detrás
de la puerta. Creyó reconocerlos, y abrió. En la casa entró un perro
flaco y sucio, con las patas ensangrentadas. Era Baron.
Despertado
por la criada, Víctor Hugo, se levantó a la fuerza pero el mal humor
dio paso a la alegría cuando se dio cuenta que era Baron que había
vuelto solo de Moscú.
Hugo
escribió al Marqués de Faletans para comunicarle la asombrosa noticia
y decirle que se quedaría con Baron. El perro todavía vivió siete
años.
¿Será
cierta ésta anécdota o bien forma parte de la leyenda de Víctor Hugo?
Se sabe desde luego que hay perros y gatos que recorren grandes
distancias para volver con su dueño, aun cuándo uno no se explique
cómo pueden hacerlo.
En
todo caso, Baron habría cubierto unos 2150 Km en un mes, o sea, 90
kilómetros por día. Demasiados quizá...
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EL
PASEO FANTASMA
Cuando
estaba exiliado en Jersey, Hugo tenía una perra gris de raza pastor,
CHOUGNA. EL caso es que en uno de los diarios íntimos de Hugo se
encuentra una nota muy extraña en la que los protagonistas del hecho
relatado sólo son designados por sus iniciales. La nota es del 21 de
junio de 1856.
Un
día una joven criada salió de Marine Terrace, la casa del escritor,
para ir a bañarse en la paya de Azette en compañía de CHOUGNA . De
acuerdo con las ordenanzas del lugar, la perra llevaba bozal (los perros
errantes eran perseguidos en la isla por un personaje siniestro que los
capturaba con un lazo).
La
muchacha y la perra se lanzaron a jugar con las olas.
Poco
después, Víctor Hugo, vestido con un sobretodo pardo, pantalón,
chaleco pizarra y sombrero gris, fue a pasear por la playa. Chougna se
echó a correr hacia él con ladridos lastimeros como para pedirle que
le quitara el bozal. Hugo lo hizo y se lo puso alrededor del vientre.
Los
dos siguieron el paseo.
Un
poco después, Hugo entregó a Chougna a Marie, la cocinera, que estaba
en el umbral de la puerta. Marie dijo a Hugo:"Mire, lleva el bozal
en el vientre","Si, le contestó riendo, porque le molestaba
en el hocico. Se lo sacó y para no perderlo, se lo até en el medio del
cuerpo" Y se marchó.
Aquella
noche en la cena, la pequeña criada contó lo que había pasado durante
la mañana. Víctor Hugo hizo que se lo repitiera dos veces y Marie lo
confirmó.
Y
el escritor termina así el relato :" Después de cenar, M.H.
subió a su habitación profundamente pensativo. No había salido en
todo el día."
A
propósito de este episodio, uno de los mejores biógrafos, de Hugo,
Henri Guillemin, observa " es evidente que se trata de un hecho
real y desconcertante, véase sino"
¿Se
trata de un don de la ubicuidad? ¿Habría tenido Hugo la facultad de
encontrarse simultáneamente en los dos sitios al mismo tiempo?¿O era
simplemente una pérdida de memoria?¿Había olvidado Hugo lo que había
hecho esa mañana?
Recuérdese
que en Jersey, el escritor pasaba las noches en sesiones que eran
agotadoras y habían quebrantado su psiquismo gravemente.
Y,
además de Víctor Hugo se podía esperar cualquier cosa....
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