La Primera Sociedad Francesa contra la vivisección y las torturas infringidas a los animales, se fundó el 8 de Mayo de 1882.

   Víctor Hugo era su Presidente

     La tarjeta Postal que mostramos representa a un perro que después de haber sido feliz se pierde y es sometido a la experimentación.

     No tiene nada de sorprendente esta iniciativa de Víctor Hugo cuya obra está impregnada de un extraordinario amor a los animales y en particular a los perros.  

      En su pieza Marion Delorme (1831), dos personajes discuten sobre las heridas que los rivales se pueden causar en un duelo Uno de ellos pronuncia estos versos que ciertamente apuntan a los biólogos:

     Según Usted, y como Usted ve, pienso que es falso que la sangre pase por la yugular y se debería castigar a Pecquet y a los sabios, que rajan los perros vivos para mirarles los pulmones. (Jean Pecquet era un anatomista del siglo XVII)

      Víctor Hugo tuvo varios perros; uno de ellos se llamaba Ponto, e inspiraba al escritor más que los demás ya que dio su nombre a un poema de Contemplations escrito en Jersey en 1855.El poema comienza así:

     Le digo a mi perro negro: Ponto, vámonos...y me voy por el bosque como si fuera un campesino.

     Los relatos de atrocidades que pudo leer paseando lo convencieron de la inocencia del perro. Y añade:

"El Perro es la Virtud Que
pudiendo hacerse hombre 
se hizo animal"

 y Ponto me mira con sus ojos francos.

» EL REGRESO DE BARON

     Hay dos anécdotas protagonizadas por perros de Víctor Hugo que resultan muy extrañas y todavía hoy no se les ha encontrado ninguna explicación:

      Un día, le ofrecieron al escritor un caniche llamado Baron. El animal se pegó a su nuevo dueño, cuya vida, era incompatible con la guarda del animal ya que era muy agitada. Y Baron fue regalado al Marqués de Faletans, agregado de la embajada en Moscú. Éste decidió llevarse a Baron a la capital de todas las Rusias. Pero varios meses después, Víctor Hugo recibió una carta del marqués informándole de la desaparición del perro.

      Pasaron varias semanas, hasta que una noche, en Paris, la criada del novelista se despertó a causa de unos ladridos quejumbrosos, que se oían detrás de la puerta. Creyó reconocerlos, y abrió. En la casa entró un perro flaco y sucio, con las patas ensangrentadas. Era Baron.

      Despertado por la criada, Víctor Hugo, se levantó a la fuerza pero el mal humor dio paso a la alegría cuando se dio cuenta que era Baron que había vuelto solo de Moscú.

      Hugo escribió al Marqués de Faletans para comunicarle la asombrosa noticia y decirle que se quedaría con Baron. El perro todavía vivió siete años.

      ¿Será cierta ésta anécdota o bien forma parte de la leyenda de Víctor Hugo? Se sabe desde luego que hay perros y gatos que recorren grandes distancias para volver con su dueño, aun cuándo uno no se explique cómo pueden hacerlo.

      En todo caso, Baron habría cubierto unos 2150 Km en un mes, o sea, 90 kilómetros por día. Demasiados quizá...

 

» EL PASEO FANTASMA    

   Cuando estaba exiliado en Jersey, Hugo tenía una perra gris de raza pastor, CHOUGNA. EL caso es que en uno de los diarios íntimos de Hugo se encuentra una nota muy extraña en la que los protagonistas del hecho relatado sólo son designados por sus iniciales. La nota es del 21 de junio de 1856.

   Un día una joven criada salió de Marine Terrace, la casa del escritor, para ir a bañarse en la paya de Azette en compañía de CHOUGNA . De acuerdo con las ordenanzas del lugar, la perra llevaba bozal (los perros errantes eran perseguidos en la isla por un personaje siniestro que los capturaba con un lazo).

   La muchacha y la perra se lanzaron a jugar con las olas.

    Poco después, Víctor Hugo, vestido con un sobretodo pardo, pantalón, chaleco pizarra y sombrero gris, fue a pasear por la playa. Chougna se echó a correr hacia él con ladridos lastimeros como para pedirle que le quitara el bozal. Hugo lo hizo y se lo puso alrededor del vientre. Los dos siguieron el paseo.

    Un poco después, Hugo entregó a Chougna a Marie, la cocinera, que estaba en el umbral de la puerta. Marie dijo a Hugo:"Mire, lleva el bozal en el vientre","Si, le contestó riendo, porque le molestaba en el hocico. Se lo sacó y para no perderlo, se lo até en el medio del cuerpo" Y se marchó.

  Aquella noche en la cena, la pequeña criada contó lo que había pasado durante la mañana. Víctor Hugo hizo que se lo repitiera dos veces y Marie lo confirmó.  

  Y el escritor termina así el relato :" Después de cenar, M.H. subió a su habitación profundamente pensativo. No había salido en todo el día."

    A propósito de este episodio, uno de los mejores biógrafos, de Hugo, Henri Guillemin, observa " es evidente que se trata de un hecho real y desconcertante, véase sino"

    ¿Se trata de un don de la ubicuidad? ¿Habría tenido Hugo la facultad de encontrarse simultáneamente en los dos sitios al mismo tiempo?¿O era simplemente una pérdida de memoria?¿Había olvidado Hugo lo que había hecho esa mañana?

    Recuérdese que en Jersey, el escritor pasaba las noches en sesiones que eran agotadoras y habían quebrantado su psiquismo gravemente.  

   Y, además de Víctor Hugo se podía esperar cualquier cosa....




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