El Perro Fernando
Un "ciudadano" único e irrepetible

GENTILEZA
del
Sr. Edgardo "Gary" Pérez
CEO de
www.chaco.com.ar
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Durante
los años '50, caminó por las calles de nuestra ciudad, un "ciudadano",
que con el tiempo se convertiría en un uno de los seres más queridos
de nuestra ciudad, durante aquella época, sentimiento que persiste
hasta el día de hoy, este particular ciudadano no provenía de una
provincia, ni mucho menos de un país extranjero, así como tampoco
hablaba ni vestía raro, todo lo contrario, era tan chaqueño y el único
idioma que sabía expresar era el de la solidaridad.
Todos lo conocieron y lo
adoptaron, como a un hijo, desde el mozo del Bar "La Estrella", quien
le servía su diaria comida, hasta el Gerente del Banco "Nación", con
quien desayunaba café con leche con medialunas, no nos podemos de
olvidar de aquellos vagabundos, con a quienes les hacía compañía en
esas largas noches invernales, tampoco de aquellos niños, hoy en día
ya personas grandes, que compartían, jugaban y se divertían con él,
que fue UN SIMPLE PERRO CALLEJERO,
QUE NOS
ENSEÑO LO QUE ES LA HUMILDAD, LA SOLIDARIDAD Y EL COOPERATIVISMO.

Escultura de Fernando frente a Casa de Gobierno
En
la ciudad de Resistencia, existen dos esculturas elaboradas con el
corazón y con el mero fin de "NO OLVIDAR" a este pequeño ser que caminó
por nuestras calles. Una de esas esculturas se encuentra en la esquina
de la Avenida 25 de Mayo y la calle Bartolomé Mitre, la otra resguarda
su eterna tumba, en el umbral del Fogón de los Arrieros, sobre la calle
Almirante Brown N° 350, bajo la escultura hecha en su honor.
No nos podemos olvidar que fue y es motivo de varias canciones de
autores de nivel internacional como es el caso de Alberto Cortes (Callejero
letra) (Callejero canción), cuya
versión fue recientemente interpretada por el Grupo de Rock "Ataque 77".
Después, cuando se constituyó en mito y en bronce, escribieron un libro
sobre él, le dedicaron innumerables notas, Alberto Cortez creó una
canción que lo recuerda y, al inaugurarse el Monumento al Perro
Fernando, del escultor Víctor Marchese, frente a la Casa de Gobierno, el
propio gobernador de la Provincia concurrió al solemne acto.
FERNANDO
(De un reportaje a Fernando Ortiz, su
"descubridor")
Conocí a
Fernando, en 1951 en el bar “Los Bancos”, frente a la plaza. Era un
perrito blanco, chiquito, y cuando los mozos me preguntaron si molestaba
y respondí que no. Permaneció al lado mío, y cuando salí me siguió hasta
el hotel Colón, donde vivía. A la mañana siguiente, lo encontré bajo la
cama, lo bañé y me siguió. Así nació nuestra relación.
Yo cantaba en una orquesta, en los “Los Bancos” y el perro dormía
siempre atrás del piano. No se separaba nunca de mi. En una oportunidad,
hubo una reunión de artistas. El perro, que por entonces tendría un año,
se sentó junto a mi, en la punta de la mesa. Los músicos y mozos
decidieron ponerle mi nombre, por esa identificación con mi persona.

Escultura
de Fernando frente al Fogón de los Arrieros
A Fernando
le gustaba mucho los picantes y el azúcar. Creo que es eso lo que
aceleró su muerte. En la amistad, era como los humanos. Tenía amigos
por todos lados, pero los elegía. Dormía en la entrada del hotel
Colón, de allí se iba al Banco de la Nación, donde había un gerente
que lo quería muchísimo. A la hora de la entrada, el perro iba
directamente al despacho del gerente, y se pedía un café con leche con
medialunas para Fernando. En el horario atención bancaria, dormía
frente al Sorocabana. El movimiento de gente era intenso, pero nadie
lo molestaba mientras tomaba un poco de sol. Después iba a comer al
“Madrileño”, al lado del Sorocabana. La siesta la dormía en la casa
del Dr. Reggiardo, que lo cuidó mucho. A veces optaba por el Club
Progreso. Pero lo fundamental para él era la noche. Recorría “Los
Bancos”, el Sorocabana, el Club Social, y si se oía música, fuera
donde fuese, el perro se acercaba. A mí me parecía un ser humano
vestido de perro. La música le encantaba. Si no le gustaba la
actuación de un artista, se iba, y la gente lo seguía. De vez en
cuando, visitábamos en su atelier a un gran pintor y amigo, René
Brusseau, sobre el Cine Argentino. Fernando se hizo amigo de René y me
acompañaba a verlo. Otro de sus amigos, fue el escultor Víctor
Marchese autor de la escultura de Fernando. Con Juan de Dios Mena, iba
al Fogón. Fernando tenía un gran sentido de la amistad.
Algunas anécdotas
Tenía
afición por lo artístico. En una oportunidad en que el Coro Polifónico
de Resistencia ofrecía un recital, entró a la sala por el acceso de
los artistas, precisamente en el momento en que la Directora Sra. de
Elizondo, marcaba el inicio de la actuación: El perro dio una vuelta
por el escenario, y se acurrucó a un costado para escuchar el coro.
Otra vez irrumpió en escena para lamer la cara de una actriz, Delma
Ricci, en una escena en que la amenazaba un hombre- lobo. Allí acabó
la función. Fue grande.
Cuando
lo invitaban a una mesa y le acercaban una silla, el seguía la
conversación mirando a una u otra de las personas que hablaban. Una
noche hacía mucho frío y se me ocurrió darle azúcar con grappa. Al
principio no le gustó mucho, pero al rato empezó a pedir más. Cuando
terminó, no podía bajar de la silla, y caminaba, borracho, de costado.
Una vez, en el Bar Japonés, lo hirieron con un cuchillo, y le tiraron
agua caliente. Se le infectó la herida, y tuvimos que llevarlo al Dr.
Reggiardo, que lo intervino. Lo llevamos luego al Club Progreso, allí
le acondicionaron un lugarcito para su recuperación. Estuvo bien
atendido, y allí se vio cuánto lo quería la gente de Resistencia, ya
que el Club tuvo que poner dos teléfonos a disposición para atender la
cantidad de llamados de la gente que quería saber como seguía
Fernando. Para esa solidaridad con el perro, no había horarios, y el
teléfono sonaba mañana, tarde y noche.
En
otra oportunidad, pese a tener chapa Nº1 de vacunación antirrábica,
fue llevado por la perrera, lo metieron medio dormido en el camión.
Tatalo Domínguez , boxeador chaqueño y titulo Argentino, recriminó,
junto a otras personas, a los perreros que lo apresaron. Discutieron,
y finalmente rescataron a Fernando junto a los restantes perros, que
se metieron todos en el Sorocabana.
Yo no me preocupaba por bañarlo, y a él mucho no le gustaba. Por la
mañana andaba sucio, pero por la tarde aparecía blanco. Hasta que se
despejó la incógnita, una mujer que nunca dio su nombre, lo atendía y
lucía bien, elegante y arrogante como un hombre de la noche. Era un
bohemio blanco.
¿Que significó su muerte?
Yo
no fui al sepelio, lo choferes de los taxis de la Plaza, vinieron a
buscarme, extrañados por mi ausencia. Muchas veces, esos choferes
aproximaban a Fernando a los lugares en los que yo actuaba, y a los
que no podía llegar ó no me encontraba. Pero no pude ir al sepelio.
Fernando
dejó dos hijos, físicamente son iguales a él, pero están domesticados
y son distintos a lo esencial de Fernando.
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Publicado en:
2003-07-03 Reproducción con permiso otorgado a conciencianimal.org por
E. G. Perez. (CEO)

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