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EN LA
MITOLOGÍA
Los hombres han reconocido
y exaltado muchas veces en sus
mitologías el papel de guía y
guardián,
de protector y compañero,
que el perro desempeñaba en su vida
cotidiana
Los
mitos, símbolos, leyendas o
fábulas de las mitologías ofrecen una
explicación global del mundo.
En ellas aparecen los animales acompañando
a los dioses y a los
hombres, y entre aquellos, el perro que desempeña
un papel primordial
pues se encuentra en la frontera entre la luz y las
tinieblas, entre la
vida y la muerte. A él le corresponde poner en relación
el universo de
los dioses y el de los hombres porque en él han depositado
éstos su
confianza incluso en el ámbito de lo invisible.
EL
GUÍA
DE LAS ALMAS
El perro tiene una función de
conductor de almas en la medida
en que lleva y guía el espíritu del
difunto al reino de las sombras.
Así, el dios Anubis, adorado en Egipto
en forma de perro o cinocéfalo
(hombre con cabeza de perro),
ayudó a
Isis a dar digna sepultura a
Osiris perseguido más allá de la
muerte
por el odio de Seth (Tifón para los griegos) y creó así la
primera
momia (en el papiro Jumilhac conservado en el museo del
Louvre, aparece
momificando el cuerpo reconstituido de Osiris el
dios que muere y
resucita). Convertido en dios de los muertos y
conductor de las
almas, preside los funerales y en particular la «pesada
del alma» de
los muertos, como se puede ver en un cofre existente en
el museo del
Louvre. Por ello suele estar presente en los monumentos
funerarios: el
Anubis pintado en madera encontrado en la tumba de
Tutankhamon en Tebas
es un «tesem», un galgo de los faraones de
cuerpo esbelto, orejas
rectas, levantadas y puntiagudas (una raza actual-
el podenco
ibicenco-presente en Baleares y la península Ibérica se
parece
extraordinariamente a las representaciones de Anubis).
GUARDIÁN DE LOS MUERTOS
El perro divinizado también es guardián. Así, los cinocéfalos de la
iconografía egipcia que vigilan
las puertas de los lugares sagrados están
encargados de impedir la
entrada de los enemigos procedentes de la
luz. El perro guardián se
encuentra en numerosos pueblos. En la
tradición indo iraní, hay perros
que vigilan el puente de Schinavat
donde los dioses puros e impuros se
disputan las almas, y guían a los
justos hasta el paraíso (todavía
hoy, los parsis colocan un perro junto
al moribundo y el animal debe
mirar en los ojos al hombre que va a
morir); en Siberia, los pueblos
chamanistas enterraban el perro al lado
de su dueño difunto (práctica
que también se dio en el México
precolombino y que prueba la
existencia de antiguos contactos entre
Eurasia y el continente
americano). Entre los germanos, la entrada de
Niflheim, reino de la
diosa Hel, país de los hielos, las tinieblas y los
muertos, está
protegida por un perro terrible, Gram, que aúlla, rompe
el ronzal y se
escapa cuando se anuncia el crepúsculo de los dioses.

En
Grecia, el perro colocado en
la puerta de los Infiernos se llama
Cerbero; tiene tres cabezas, una
negra, otra roja y otra blanca
(los colores simbólicos de las tres
funciones Tierra, Agua, Luna
en el mundo indoeuropeo);
hijo de Equidna y Tifón, viviendo
encadenado, ladra a las almas permitiéndoles
entrar en los Infiernos
pero prohibiéndoles salir; en Diálogos de los
muertos, Luciano muestra a
Cerbero mordiendo a Sócrates (muy debilitado
por la cicuta) para
obligarle a unirse lo más rápidamente posible al
grupo de los difuntos.
Cuando Psiqué tuvo que ir a los Infiernos por
orden de Venus le
aconsejaron que llevara dos galletas para engatusar al
voraz Cerbero.
El mismo Cerbero fue objeto del duodécimo trabajo de
Hércules:
cuando el héroe llegó al reino de Hades, el dios de los Infiernos le
ofreció el perro Cerbero a condición de que lo dominara con las manos,
cosa que Hércules hizo, pero una vez con el perro en el suelo, no supo
qué hacer con él (Euristeo se había escondido en una gran jarra al
ver el
animal) y lo llevó de nuevo a Hades. Más tarde, Cerbero quedó
seducido
por el canto de Orfeo y se durmió, lo que permitió a este
otro héroe entrar
en el recinto de los muertos y buscar a Eurídice.
La diosa
Hécate, divinidad de
las tinieblas y de la magia cantada por
Hesíodo, podía transformarse
en perro y andaba seguida por una
jauría infernal,
FUENTE DE VIDA
Familiar de los muertos, el
perro también sabe que la rueda del eterno
devenir hace alternar la
vida y la muerte: la treceava y última constelación
del antiguo zodíaco
mexicano es la del perro; está ligada al tema del fin,
de la muerte,
pero también introduce al mismo tiempo el de la iniciación
y la
renovación.
El perro está asociado
igualmente con el poder adivinatorio, el poder
de curar: entre los
griegos, figura como uno de los atributos de Asclepio
(el Esculapio de
los latinos), dios de la medicina. Su poder benéfico está
unido también
al fuego y a la sexualidad. El perro es el mítico antepasado
de varias
dinastías turcas y mogolas. Es figura fundadora como puede
verse con
la loba romana (el perro y el lobo están próximos). Es ladrón
y
portador de fuego, de ahí la asociación entre los poderes infernales y
la fuerza solar: entre los mayas, el perro guía al Sol en su recorrido
subterráneo; es el «Sol negro».
JUSTO Y VALIENTE
El perro encarna valores
positivos en las mitologías europeas. Es
ejecutor de altas y santas
obras, agente fiel de la justa venganza,
defensor del pudor ultrajado.
Así, Artemis, hermana de Apolo y gran
cazadora aficionada a recorrer
los bosques acompañada de sus perros,
montó en cólera por la
impertinencia de Acteón, también cazador, que le
había estado mirando
mientras se bañaba desnuda en una fuente, y la
diosa le lanzó sus
propios perros que lo destrozaron con gran facilidad
porque la diosa lo
había transformado en ciervo para excitar el celo
de sus molosos.
En la mitología
celta, el perro
está vinculado a la función guerrera.
Comparar a un guerrero con un
perro para demostrar su valentía era
una gran alabanza. El mayor
héroe, Cuchulaín, lleva un nombre que
significa «el perro de Culann». Como a
Cuchulaín le estaba prohibido
comer carne de perro, las brujas que querían
su perdición, le
propusieron y obligaron a comerla cuando se dirigía
al combate.
Cuando el cristianismo se
implantó en los países celtas, invirtió el
simbolismo y asoció el
perro a la presencia diabólica; en los montes
de Arrée en Bretaña, el
«perro negro» designa el alma de los
condenados que aúllan por la
noche en las landas. Y para atormentar
a los humanos el diablo se
presenta muchas veces, como un perro
negro. En otras tradiciones monoteístas
se encuentra también una
visión muy negativa del perro; así, en el
Islam se le considera
fundamentalmente impuro.
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