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[ El
perro al servicio de los sordos ]
El
universo sonoro está fuera del alcance de las personas aquejadas de
sordera; éstas desconocen los ruidos más familiares que les
permitirían comunicarse con los demás. El perro educado para responder
a esas <llamadas> puede reemplazar el oído del sordo reaccionando
en su lugar y dándoselo a entender.
UNA INICIATIVA ANGLOSAJONA
Fue
en Estados Unidos dónde aparecieron los primeros perros para sordos. En
efecto, la formación de perros para sordos empezó en 1976 con la
American Humane Association en Denver, Colorado. Con objeto de responder
a la creciente demanda de este servicio, la citada asociación adquirió
una granja en el estado de Massachussets para instalar un centro de
formación llamado Hearing Dog (perro oyente).
El
programa norteamericano se encaminaba prioritariamente a la educación
de perros destinados a personas que sufren una gran sordera y quieren
ser independientes. Cada perro se escoge específicamente en función de
las necesidades y posibilidades del futuro dueño. Después se inicia el
período de formación. El programa dura cuatro meses en el centro
Hearing Dog, y la última semana se dedica a las relaciones entre el
futuro dueño y el perro. Un consejero del centro lleva entonces al
perro hasta su nuevo hogar para que el dueño y el perro se conozcan y
se acostumbren el uno al otro, Durante los tres meses siguientes, el
centro visita regularmente el domicilio del dueño para ver cómo van
las cosas. Al cabo de esos tres meses, se hace entrega oficial del perro
con un certificado.
Desde
que el perro sale en compañía del sordo, debe llevar obligatoriamente
una señal que lo identifique. Esta consiste, en Estados Unidos, en un
collar y una correa de color naranja que le permiten acceder a los
lugares públicos oficialmente prohibidos a los animales.
En
Inglaterra, en 1982 se lanzó el programa de formación de perros para
sordos, bajo los auspicios del Real Instituto británico de Sordos.
Desde entonces, la asociación Hearing Dogs for the Deaf ha seleccionado
muchos perros.
PRIMEROS PASOS EN FRANCIA
Completamente
desconocidos para el gran público fuera del mundo anglosajón, en
Francia ya se han dado los primeros pasos. Se ha llevado a cabo un
experimento con Black y Bart, dos perros procedentes de un refugio
formados por Michel Hasbrouck. El programa de formación siguió el
método norteamericano elaborado por el Hearing Dog Program.
En
efecto, cualquier perro puede ser útil a alguien aquejado de sordera. Y
si esta persona ya tiene uno, se le puede educar con dicho objetivo. De
pura raza o cruzado, macho o hembra, lo esencial es que sea tranquilo,
dulce, amistoso, sagaz, lo bastante curioso como para buscar los ruidos
y lo bastante inteligente como para identificarlos. El perro para
sordomudos debe tener una cierta aptitud para la obediencia a la voz y
también a la mano.
EL PERRO, OTRA MANERA DE ESCUCHAR ...
De
la misma manera que el perro lazarillo ayuda a su dueño a situarse en
un espacio que no ve, así el perro para sordos hace que su dueño tome
conciencia del universo sonoro al que de otro modo nunca podría acceder
.
La
idea básica del perro para sordos es que reaccione a ciertos sonidos
familiares en lugar de su dueño. Se enseña al animal a registrar
prioritariamente cuatro sonidos diferentes: el timbre de la puerta de
entrada, el del teléfono, el del despertador y el llanto de un bebé.
El
perro debe poder identificar y determinar su origen. Después se lo
entrena para llamar la atención del hombre por gestos, a tomarle la
mano, por ejemplo, para llevarlo hasta la fuente del sonido percibido.
La manera de indicar ese ruido puede variar en función de la
personalidad del perro, del dueño o del entorno. Durante el
entrenamiento, el perro también deberá responder a ejercicios de
obediencia, primero formulados con la voz, y después por medio de
gestos, pues los sordos suelen tener dificultades de locución.
Una
vez instalado en casa de su dueño, el perro podrá aprender a señalar
otros ruidos. En USA algunos perros están entrenados para reconocer los
programas de TV para sordomudos, responder a la alarma de un detector de
humo o a la señal sonora de un horno eléctrico.
Evidentemente,
durante las tres o cuatro primeros meses de formación no se puede
educar al perro para que reaccione a todos los ruidos que es capaz de
percibir, es decir, a unas trescientas tonalidades diferenciadas, pero
con el trato pueden conseguirse resultados excelentes.
Con
los progresos tecnológicos actuales los instrumentos electrónicos
hacen casi lo mismo que los perros, pero nunca podrán aportar el calor
y la amistad necesarios a la persona solitaria separada del mundo sonoro
por la sordera.
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