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Oración a
San Antonio Abad
para la protección de los animales.
Señor, te
ruego que por intercesión de San Antonio Abad, tengas
piedad
de los hombres, que por ignorancia maltratan a los
animales.
Enséñales a que los amen como criaturas tuyas. Señor, ten
piedad
de los animales domésticos, que muy a menudo son
entregados sin
defensa alguna a la indiferencia y a la
crueldad humana.
No los dejes solos con sus penas.
Señor Dios,
ten piedad de los animales como el león, el tigre, el mono,
el
elefante y de otras especies que son capturados para ser
llevados en
circos o en zoos. Dales a todos ellos un refugio seguro en su
hábitat.
Señor, ten piedad de los animales de granja que crecen dentro
de
inhóspitos habitáculos, así como de aquellos animales que en
los
mataderos son sacrificados sin anestesia. Acógelos con su dolor.
Señor, ten piedad de los animales de experimentación. Haz que
cesen
estas prácticas y sálvalos de su sufrimiento. Señor, tu que
infundiste en
San Antonio Abad un gran amor a la pobreza y al respeto de los
animales, ten piedad de todos los animales que sufren y haz
una
sociedad más justa basada en el amor y la paz de todos los
hombres.
Amén.
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LA HISTORIA
Este es uno de los simpáticos santos del santoral de
la Iglesia: nuestro amigo Antonio Abad, en Catalunya también
le llaman "Sant Antoni del Porquet " (San Antonio del
Cerdito), porque siempre se le representa al
lado de un cerdo.
San Antonio Abad es el gran protector de los animales
domésticos y de granja y también, como veréis, el primer
fundador de la vida monacal.
Los primeros años.
Para empezar a hablar de San Antonio
Abad, nos tenemos que trasladar
a Egipto, cerca del Nilo y en
el sur de la ciudad de Menfis, en un
pequeño poblado llamado
Queman, la actual Quaeman-el-Arous, allá
por la segunda mitad
del siglo III. A los 18 años aproximadamente, sus padres
mueren y le dejan una gran herencia y la tutela de una hermana
mucho más pequeña que él. Seis meses después de quedarse
huérfano, Antonio entró en la iglesia de su pueblo y escuchó
del sacerdote
aquellas palabras del Evangelio que recitó Jesús:
"Ve, vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme". Estas
palabras conmocionaron a Antonio que dejó parte de sus tierras
y posesiones a
los más pobres, y la otra parte a una familia para que
cuidaran de su hermana. A imitación de los ascetas, nuestro
personaje se unió a un
grupo de personas que estaban a unos kilómetros de Queman-
En busca
de la soledad.
Pronto empezó la fama de San Antonio
Abad por su interés en conocer
las enseñanzas de aquel grupo
de ascetas que estaban en las afueras
de Quemán. Durante este
primer tiempo, Antonio ya sufrió las
tentaciones del mal que
combatió con el ayuno y la oración.
Come una vez al día, se
pasa muchas horas de la noche rezando y
siente la más profunda
llamada a la soledad. Pero... dicha soledad era imposible, ya
que con él convivían otras personas, por lo que al cabo
de
unos años decidió trasladarse al desierto. Allí encontró una
cueva
para residir en la más perfecta intimidad y soledad.
Solamente mantuvo contacto en su primeros tiempos con un
hombre que le traía comida
cuando era estrictamente necesaria.
Su forma de vida indujo a que
muchas personas le fueran a ver,
por lo que nuevamente nuestro amigo
se encontró que la soledad
que él buscaba le era imposible. De nuevo
emigró a otro sitio
más solitario, esta vez en Pispir, cerca de la actual
ciudad
de Luxor (antigua Tebas). Se instaló en un edificio arruinado,
restos de una antigua fortaleza, decidiendo construir un muro
para
aislarse completamente del mundo exterior. Cuenta la
historia, que en
los primeros años tampoco habló con la
persona que le arrojaba el pan
por encima de dicho muro!.
Nuestro amigo tenía en aquella época 35
años y corría el año
285 aproximadamente.
Consejero
espiritual.
En Pispir San Antonio Abad pasó 20 años sin interrupción.
Aunque su
idea era estar libre del mundo exterior, él mismo se
dio cuenta que esto
le sería imposible, ya que constantemente,
y gracias a la fama que
había adquirido, muchas personas
subían a la montaña para explicarle
sus dudas y problemas.
Antonio decidió finalmente escucharlos y
decidió con la ayuda
de sus "seguidores" derribar el muro que él
mismo había construido,
convirtiéndose en un consejero espiritual.
Durante 20 años
Antonio dio alientos y esperanzas a todos los egipcios
que se
acercaban y muy pronto aquel monte se llenó de jóvenes ascetas
que querían vivir como él.
Nacía una primera comunidad de
personas que querían vivir en
común las enseñanzas de San
Antonio Abad basadas en el Evangelio,
lo que hoy conocemos
como una comunidad religiosa o monástica.
De esta etapa
nacieron las tradiciones basadas en curaciones de
enfermos y
muchos otros milagros atribuidos a nuestro santo.
Uno de sus
discípulos fue San Atanasio, que en forma de discurso
escribió: "Antonio enseñaba que la meditación fortalece el
alma contra
las pasiones y el mal, contra la impureza. Si
viviésemos como si
hubiésemos de morir cada día, no
fallaríamos nunca.
Para luchar contra el mal son infalibles la
fe, la oración, el ayuno
de los ascetas, sus vigilias y
oraciones, la paz interior, el desprecio de
las riquezas y de
las glorias vanas del mundo, la humildad, el amor a los
pobres, las limosnas, la suavidad de costumbres y, sobre todo,
el
ardiente amor a Cristo".
En el
monasterio de Deir-el-Arab.
En el año 311, cuando el emperador Maximino entró en
Alejandría para perseguir a los cristianos, Antonio se
presentó en la ciudad para estar al lado del pueblo y
compartir con ellos aquellos difíciles momentos.
Nuestro santo
volvió a Pispir totalmente conmovido y aumentó su
ascetismo,
multiplicando los ayunos, durmiendo en el suelo...
Pronto
decidió trasladarse a otra parte para fundar otro monasterio.
Invitó a un grupo de sus monjes a acompañarle y ordenó al otro
grupo restante que se quedaran en Pispir para continuar la
evangelización. Se trasladaron al monte Qolzoum, cerca del Mar
Rojo.
Allí encontraron un pequeño oasis y tierra para el
labriego. Antonio
decidió fundar en este lugar el monasterio
de Deir-el-Arab.
Los monjes siguieron llevando una vida
ascética, pero al mismo
tiempo orientaban a los peregrinos que
se acercaban y los alimentaban
con los productos de la tierra que ellos mismos trabajaban.
Nuestro santo, aunque vivía en Deir-el-Arab, se retiró muchas
veces al desierto durante varios días para estar más de cerca
la soledad
y en diferentes ocasiones visitó a su comunidad de Pispir para seguir
enseñando a sus monjes.
Contra el
Arrianismo.
El monasterio de Deir-el-Arab sirvió
también para acoger a muchos
filósofos y pensadores cristianos
que se acercaban para escuchar las enseñanzas de San Antonio.
Nuestro santo fue un gran luchador contra
los pensamientos de
Alejandro Ario, que en aquellos momentos estaban
de "moda".
Recuerda que el Arrianismo era una corriente teológica que
sostenía que Jesucristo no tenía parte divina, sino solamente
humana. Según Alejandro Ario, Jesús era un semi-dios, pero no
Dios. Dicha
teoría fue rechazada en el Concilio de Nicea
celebrado en el 325 que
declaró que Jesús "es el Hijo de Dios
y de la misma naturaleza que el
Padre".
En el 355 San Antonio Abad decidió trasladarse a Alejandría
para visitar
a su discípulo Atanasio y luchar juntos contra el Arrianismo.
Los dos impartieron conferencias en diferentes puntos de la
ciudad y pueblos cercanos. Pero sólo lo pudieron hacer durante
un año justo,
ya que nuestro amigo Antonio fallecería el 17 de enero del 356.



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