EL RINCÓN DE BOBBY

                             

 PAPPO, EL GATO PILLO.

Cuando la tarde se viste de negro y las estrellas comienzan  a  jugar  a la mancha brillante, Gatilda, el Hada Protectora de los gatos, sale a  darles el besito de las buenas noches y  a  solucionar problemas gatunescos de todo tipo;  peleas  callejeras, defensa del territorio y robo de comida, suelen ser los casos más frecuentes.

En el Baldío de la calle Nazca al 1400, vive Murguita, mamá gatuna de cuatro gatunitos: Paco, Pepo y Pipo, rubios como los rayitos de sol en primavera y Papo de un color azabache profundo e intenso.

Cuando terminan de cenar, Murguita llama a sus hijos para ir a dormir, pero estos chiquillos son muy traviesos y no le hacen caso, sólo quieren jugar, jugar y jugar. A Paco, Pepo y Pipo los encuentra fácilmente porque sus cabellos resplandecen como el brillo de la plata. ¡Pero Papo es un gato muy pillo! Sabe que su negrura se confunde con la noche misma. Se esconde muy sigilosamente detrás del árbol más grande, cierra sus verdes ojitos y se queda callado, inmóvil, casi sin respirar.

Cuando todos se cansan de buscarlo y se duermen, Papo sigue jugando con la luna blanca, los sonoros grillos y con alguna que otra cucarachita amiga.

El problema aparece al otro día cuando hay que levantarse para ir  a la escuela. Todos están despiertos y vivaces menos Papo, quien hace un graaan esfuerzo por mantenerse despierto. Pero llega un momento en que sus pesados párpados  ya no pueden más y se desploman en plena clase de matemática. Esta situación se repite mañana tras mañana,  día tras día. 

Mamá Murguita ya no sabe que hacer con este gatito, por eso decide pedirle ayuda a su  gran amiga Gatilda. El Hada Protectora la escucha  con  grandes orejas peludas, analiza la situación por arriba y por abajo;  piensa por aquí, piensa por allá... y luego de un rato emite un gran maullido de alegría. Saca, sin perder un minuto más de tiempo,  su relampagueante varita mágica y con ella  pinta una estrella blanca sobre la frente del gato más negro de todos los gatos negros.

- Problema solucionado- dice, y allí nomás remonta vuelo hasta el próximo baldío maullando loca de contenta.

 Se acabaron para Papo las dormilonas en las clases de matemática. ¡Ya no puede hacerse el pillo! Cuando el cielo empieza a oscurecerse, su frente resplandece como una estrella más. 

Desde esa noche, cada vez que se duerme, sueña que juega con la luna blanca, los sonoros grillos y  con alguna que otra cucarachita amiga.

 

Gatilda

                                                              



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