Texto
contra touradas do escritor e prémio Nobel, José Saramago.
Texto de José Saramago, publicado nos
Cadernos de Lanzarote Pamplona, el exacto momento en el que un toro
baja la cabeza para recibir el estoque mortal. Salí inmediatamente
de la plaza, gracias al poder milagroso del mando a distancia. Me
acorde entonces de lo que escribí, hace unos años, acerca de estas
fiestas; tres artículos que no deben de haber agradado a ningún
español, y menos a los navarros. Imagino que, cuando me los pidieron
de cambio 16, estarían esperando cualquier cosa del género de un
nuevo Hemingway, pero los cálculos les salieron errados: lo que
tuvieron que publicar fue una honesta confesión de incapacidad para
entender la fiesta. Como se demostrará con este pequeño trecho
exhumado de papeles viejos:
"Va a entrar el primer toro, han
resonado sordamente los timbales de la presidencia, es la hora.
Todos miramos, ansiosos, la bocaza negra del toril. El toro entra en
la plaza. Entra siempre, creo. Éste vino con alegre correría, como
si, viendo una puerta abierta hacia la luz, hacia el sol, creyese
que lo devolvían a la libertad. Animal tonto, ingenuo, ignorante
también, inocencia irremediable, no sabe que no saldrá vivo de este
anillo infernal que aplaudirá, gritará, silbará durante dos horas,
sin descanso. El toro atraviesa corriendo la plaza, mira los
tendidos sin entender lo que sucede allí, vuelve hacia atrás,
interroga los aires, finalmente arranca en dirección de un bulto que
le hace señas con un capote, en dos segundos se encuentra del otro
lado, era una ilusión, creía embestir contra algo sólido, que
merecía su fuerza, y no era más que una nube. Realmente, ¿qué mundo
ve el toro? Estos toreros que se visten de todos los colores, que se
cubren de pasamanerías y lentejuelas, que brillan en la arena como
cristales preciosos, como figuras de vitral, ¿son así a los ojos del
toro, o los ve él como sombras opacas, huidizas, inestables, que
surgen de la nada y se esconden en la nada? Imagino que el toro vive
en un universo soñado, fantasmal, cubierto de cenizas, en el que el
sabor de la hierba y el olor de los pastos serán las únicas
referencias apaciguadoras de un mundo vago en el que los árboles son
como cortinas oscilantes y las nubes en el cielo grandes bloques de
mármol, al mismo tiempo que la luz se va moviendo difícilmente hacia
la noche." Y éste, además:
"El toro va a morir. De él se espera que
tenga fuerza suficiente, debilidad, suavidad, para merecer el título
de noble. Que embista con lealtad, que obedezca al juego del
matador, que renuncie a la brutalidad, que salga de la vida tan puro
como entró en ella, tan puro como vivió, casto de espíritu como lo
está de cuerpo, pues virgen va a morir. Tendré miedo por el torero
cuando se exponga sin defensa ante las armas de la bestia. Sólo más
tarde entenderé que el toro, a partir de un cierto momento, incluso
continuando vivo, ya no existe, entró en un sueño que es sólo suyo,
entre vida y muerte."
Ahí queda. Recuerdo que cuando Pilar acabó
de leer los artículos sólo me dijo: "No puedes entender..." tenía razón:
no entiendo, no puedo.
Cuadernos de Lanzarote,
JOSÉ SARAMAGO.
Premio Nóbel de literatura 1998.
Enviado por
Alberto Plaza Sebastián
Presidente de Amnistía Animal





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