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EL MIEDO A LOS RUIDOS Y A LAS TORMENTAS
Dr. Claudio Gerzovich Lis
Médico veterinario
Especializado en comportamiento animal
Uno de los comportamientos indeseables que más
frecuentemente se observan en los perros son aquellos relacionados con el
miedo a estímulos tales como tormentas y ruidos fuertes.
Ante tales situaciones muchos
perros buscan huir desesperadamente,
destruyendo todo lo que obstruya su paso, a
fin de terminar con la sensación de terror que los embarga
mientras otros buscan refugio en lugares tan insólitos como un placard o
una bañera.
Algunos de los propietarios de estos animales se sienten molestos,
consciente o inconscientemente, debido a que según ellos sus animales son
cobardes. Otros sufren al percibir la sensación de temor que experimentan
sus perros ante estos estímulos. Sin embargo, tanto unos como otros
suelen desconocer las causas de esta sensación y mucho más la manera
adecuada de corregir su efecto.
Para
analizar las reacciones de temor de nuestros animales en forma general
resulta útil plantearnos la siguiente pregunta: ¿Qué sentiríamos
nosotros si ante una situación que nos agobia y nos produce gran temor no
pudiésemos hablar con otras personas o si nadie nos pudiese explicar que
algún estímulo que nos produce temor en realidad no nos dañará?
Lo que seguramente ocurriría sería que actuaríamos de una manera muy
similar a como actúan nuestros perros, a
menos que por un proceso de habituación nosotros experimentáramos frecuentemente estos estímulos y nos
diéramos cuenta de que en realidad no nos dañarán. Pues
bien, debido a que los perros no hablan, éste es el único camino que
tienen para adaptarse a una situación que les causa temor.
Antes de analizar las reacciones de miedo a los
ruidos fuertes y a las tormentas vale la pena hacer dos aclaraciones:
Primero, es necesario
saber que si bien es cierto que un temor excesivo es contraproducente,
no menos cierto es que en condiciones naturales tener miedo ante
situaciones potencialmente peligrosas es normal e incluso beneficioso para
los animales y también por supuesto para nosotros, los seres humanos.
Segundo, un dueño debe
evitar acariciar a su animal y hablarle a fin de explicarle que la
situación no es peligrosa.
Tanto el tono suave de la voz como las caricias pueden ser entendidas por
el perro como un premio o una gratificación por su comportamiento, es
decir, por tener miedo. Por supuesto, lo que también debe evitar hacer el
dueño es castigar a su animal, ya que esta actitud puede no sólo agravar
el comportamiento en cuestión sino también deteriorar el vínculo con el
perro.
Muchos propietarios de perros saben que unos de los
momentos más traumáticos que deben pasar sus animales durante el año es
el de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Desde ya que esto no se debe a
las fiestas en sí mismas sino a los festejos con pirotecnia. El temor a
los estampidos producidos por la pirotecnia y también por armas de fuego
puede ser de origen innato o adquirido. Los
perros presentan una tendencia natural a sentir temor ante estímulos
intensos y además también son propensos a sufrir el fenómeno conocido
como sensibilización , por el cual "aprenden" a temer a ruidos
de muy baja intensidad. Tal es así que a medida que pasa el tiempo los
perros sensibilizados presentas reacciones de temor ante estímulos cada
vez más débiles o reacciones cada vez más intensas ante el mismo tipo
de estímulo.
En el caso de miedo a las tormentas probablemente
intervengan los mismos componentes que en el punto anterior, es decir, lo
innato y lo aprendido. Sin embargo, aquí hay que destacar que los perros
no sólo muestran temor una vez iniciada la tormenta, sino también antes.
Esto presumiblemente se debe a la presencia de cambios ambientales, tales
como un aumento de la humedad y una disminución de la presión
atmosférica, que los perros asocian con una tormenta.
Tanto en
el caso del miedo a los ruidos como a las tormentas, el objetivo es lograr
que el perro que lo padece logre superarlo o al menos se acostumbre a
tolerarlo. Para ello existe una técnica denominada desensibilización
sistemática, que consiste en exponer al animal a un estímulo capaz
de provocar una reacción de temor a una intensidad tan baja que esta
reacción no se produzca y así permitir que ocurra la habituación a ese
bajo nivel de estímulo. Luego la intensidad del estímulo puede ser
incrementada gradualmente, teniendo la precaución de no provocar una
respuesta emocional en el perro. Si este procedimiento se continúa hasta
que el estímulo en cuestión es presentado en su máximo potencial, será
posible que la reacción de temor desaparezca por completo.
En lo que respecta a las tormentas se pueden
utilizar grabaciones que reproduzcan sus sonidos característicos,
comenzando con un volumen bajo y aumentándolo gradualmente a medida que
transcurren las sesiones. En este caso es imposible reproducir las
condiciones ambientales existentes durante las tormentas, por lo que
obtener un buen resultado final no siempre suele ser fácil.
En el caso del miedo a los estampidos, se puede
utilizar un arma de fuego con balas de salva o elementos de pirotecnia y
comenzar a una distancia tal que el sonido emitido llegue a los oídos del
perro a una intensidad muy baja, para luego, con el correr de los días,
disminuir la distancia de emisión del sonido.
Por último, en los casos de mayor gravedad será
necesario utilizar una medicación adecuada a fin de lograr tranquilizar
al animal para después aplicar la desensibilización sistemática. Desde
ya el tratamiento a seguir debe estar en manos de un médico veterinario
generalista o de uno especializado en comportamiento animal, quienes
serán los encargados de prescribir la medicación pertinente y de
monitorear los resultados. Si bien la mayoría de las consultas que
reciben los veterinarios con respecto al miedo a los estampidos se
concentran entre el 23 y el 31 de diciembre de cada año, lo ideal sería
que los propietarios consulten con suficiente antelación como para poder
implementar un tratamiento curativo y no sólo paliativo.
Finalmente
es importante tener en cuenta el dicho popular que dice que siempre
"es mejor prevenir que curar" y por lo tanto tratar de exponer a
los cachorros desde edad muy temprana y en situaciones no traumáticas
sino placenteras a los estímulos que uno desea acostumbrarlos y así
evitar la aparición futura de comportamientos fóbicos.
Dr.
Claudio Gerzovich Lis
Médico Veterinario
Comportamiento animal
Buenos Aires
Argentina
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