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En la fantasía popular, además del gato del dinero, existía también el gato del amor, que ayudaba a las muchachas a encontrar marido.
¡Para tener éxito en la empresa debían acariciar al gato
En Flandes se dice que la presencia
de un gato blanco delante de la puerta de una muchacha antes de su
boda es señal de segura felicidad, mientras que en Francia,
siempre en tiempos de matrimonio, cuidado con pisar la cola de un
gato negro: en tal caso es mejor, para la desventurada, aplazar
durante un año la ceremonia, so pena de la segura infelicidad del
matrimonio.
En Bélgica se solía regalar un gato
a un galán insistente para indicarle el rechazo. En el caso de
que tampoco esto bastara para hacerlo desistir ¡se añadían dos
líneas escritas en las cuales se lo invitaba a volver a
presentarse sólo después de haber calculado el número exacto de
pelos del gato!
En el antiguo Egipto los recién
casados se intercambiaban pendientes de cerámica esmaltados,
pintados a mano, representando a una mamá gata mientras amamanta
a sus cachorros: el número de gatitos representado indicaba el número
de hijos que la pareja deseaba tener.
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