Médico Veterinario Bioeticista
Bogotá – Colombia
2001
REFLEXIONES
EN TORNO A UNA
ÉTICA ANIMAL
“¿Cómo podremos construir una nueva
humanidad?
Con respeto por la Vida.
La existencia depende más del respeto
por la vida
que de las leyes y los profetas.
El respeto por la vida abarca toda la
ética del amor,
en su sentido más profundo y elevado
Es la fuente de renovación constante
para el individuo
Y para la humanidad. ”
ALBERT
SCHWEITZER
Reverence for Life
Al hablar de una ética animal,
estaríamos planteando la utilización de diversos enfoques éticos
para cada uno de los seres o sistemas que habitan el planeta;
encontrando así una ética
centrada en el hombre (antropocéntrica), otra centrada en los
animales (zoocéntrica) y finalmente una centrada en la vida
(biocéntrica), siendo esta última la que adoptaremos como eje de
reflexión, la BIOETICA.
En nuestra propuesta pretendemos
reflexionar sobre los aspectos éticos de la relación hombre –
animal; discutiendo acerca del estatus moral de los animales, de sus
“derechos” y finalmente revisar nuestras “responsabilidades” éticas,
morales y legales con las otras formas de vida que comparten el
ambiente natural y artificial en el que vivimos.
Estas reflexiones nacen de la
posibilidad que ofrecen las argumentaciones de la Bioética para
abordar discusiones sobre el sentido de nuestras acciones,
decisiones y actitudes hacia la vida y los animales. Nace de la
vivencia personal de compartir su vida y su muerte, su salud y su
enfermedad, de estudiar y observar su conducta. De la insatisfacción
frente a preguntas y respuestas acerca de nuestras diferencias y
similitudes, del uso que damos de ellos y por supuesto, del “ser” de
mi quehacer, la Medicina Veterinaria.
Preguntas asumidas habitualmente por
filósofos, escritores, periodistas, abogados y en menor proporción
por zoólogos y biólogos; casi nunca fueron abordadas por los médicos
de los animales, los Veterinarios.
Esta ausencia es probable que haya
sido ocasionada, en gran medida, por la formación universitaria de
pre grado en las ciencias veterinarias que valora mucho más los
aspectos zootécnicos, quirúrgicos, diagnósticos y clínicos; frente a
las reflexiones filosóficas o éticas de nuestra labor. Es también
probable, que sea debido, a la percepción que del animal tenemos,
máxime cuando el objetivo fundamental de la profesión son la salud
humana; la sanidad animal y productividad agropecuarias, en la que
los animales son considerados “objetos” (semovientes) y su dimensión
de “seres sensibles”, solo hasta hace pocos años se viene teniendo
en cuenta en el ámbito profesional. Esta dimensión, su estudio y
aplicación se ha logrado a través de la Etología Veterinaria y del
Bienestar Animal (animal welfare).
Es posible que para muchos esta
discusión no tenga objeto, y para ellos, las argumentaciones dadas
por los proteccionistas o defensores de los animales han carecido de
bases sólidas a nivel filosófico y moral. Y es que solo, hasta que
filósofos reconocidos, abordaron la problemática de los animales y
de la forma como los tratamos, se crearon espacios de discusión y
análisis acerca de nuestros supuestos, de nuestras actitudes y de lo
que hacemos frente a las otras formas de vida con las que
compartimos la existencia en este planeta.
“... cada vez que me he mostrado suficientemente
humilde y dispuesto a permitir que un ser que no era humano me
instruyera, este amigo, ya tuviera cuatro patas, seis o ninguna,
compartió conmigo una sabiduría que no tiene precio. Todos ellos me
enseñaron que la perfecta comprensión entre el ser humano y las
otras formas de vida es posible en el momento en que el ser humano
cumple realmente con el papel que le corresponde.” (4)
Nos proponemos una reflexión que
tenga en cuenta las condiciones que hacen posible la vida,
reconociendo la biodiversidad no solo en términos ecológicos y
ambientales, sino por la trama de los elementos que la constituyen y
que hacen posible ver la vida como una totalidad. Esta red o trama
en la que todos los elementos se encuentran entrelazados en una
dinámica estructural de relaciones, red que nos permite el substrato
sobre el que podemos construir nuestro aporte.
a
Reflexión que no estará orientada a
“humanizar lo animal ni animalizar lo humano”, sino
más bien, a proponer una relación armónica, coherente y madura con
las demás especies.
a.
Adaptación de MACROBIOÉTICA - Colección Pedagogía y Bioética. Nº 7;
Universidad a distancia. Programa de Bioética; Facultad de
Educación; Universidad El Bosque. Bogotá, 1999.
1.
La relación hombre animal.
“La
grandeza de una nación y su progreso moral se puede juzgar de
acuerdo a la manera en que trata a sus animales”
Mohandas Gandhi
Las diversas relaciones que
mantenemos con los animales, sean estos silvestres, domésticos, de
compañía, de laboratorio, de consumo, callejeros, etc.; ha permitido
una aproximación desde diferentes enfoques: académico, filosófico,
ético, jurídico, emocional, romántico, artístico, compasivo,
fundamentalista, salubrista, clínico, etológico y comparado entre
otros.
Y todos estos enfoques han generando
a su vez posiciones ideológicas muy definidas como la
proteccionista, abolicionista, utilitarista o indiferente.
Discutiéndose habitualmente temas como la experimentación y
vivisección, el tráfico de fauna silvestre, la tenencia responsable
de mascotas, las poblaciones animales callejeras y su control, los
animales como alimento, los métodos de producción intensiva, las
colecciones de animales (zoológicos) y los centros de control de
zoonosis (antirrábicos).
Esta relación que la especie humana
ha establecido con otras especies animales se encuentra enmarcada
por momentos históricos y culturales, así como por factores
ambientales, políticos, económicos, científicos y sociales.
Tornándose más estrecha y compleja, cuando como especie empezamos a
domesticar y coleccionarlos; creando interacciones que en principio
iban en detrimento de las necesidades básicas de aquellas especies
mantenidas en cautividad o domesticidad.
“Actualmente
al hombre lo rodean una serie de animales domésticos de gran valor
económico o afectivo, considerados como algo natural, olvidando que
todos ellos no existían hace quince mil años y que la mayoría no
aparecieron hasta hace unos diez mil años
(domesticación).
La transición
de una economía de caza y recolección a otra en la cual se producen
los alimentos, es decir, donde se tienen plantas y animales
domesticados constituye sin duda alguna el hecho más revolucionario
y de consecuencias económicas y sociales más importantes para el
desarrollo de la humanidad.”(6)
En el caso de las especies llamadas
domésticas o domesticables se generó un
“contrato de
uso”;
de hecho a nivel técnico le denominamos
explotación pecuaria.
Este concepto de contrato, referido por
Morris, D.
(1990)
como el:
“contrato animal”,
plantea que existe entre nosotros y los animales un compromiso,
que nos convierte en socios para compartir el planeta. La base de
este contrato consiste en que cada especie debe limitar el
crecimiento de su población de modo tal que permita la convivencia
de otras formas de vida.(29)
Sin embargo en el manejo de los
animales de producción o de consumo, los sistemas de “explotación
intensiva” descritos por Singer, P.
(1975)
como “la granja-factoría”; son justificados exclusivamente
con base en el costobeneficio del sistema y como una opción
alimentaría para la población humana necesitada de fuentes de
proteína animal. Sin contemplar otras implicaciones diferentes a las
técnicas, económicas y de producción.
En últimas no se trata plantear con
estos asuntos, que la única opción sea entonces el vegetarianismo o
el veganismo; sino más bien revisar los fundamentos y esquemas
conceptuales (éticos y morales) que sustentan los sistemas de manejo
y utilización de los animales domésticos o de consumo.
Se trata de mirar, si como especie y
como cultura, vemos en los animales objetos útiles o seres
sensibles. Y al preguntarnos de esta forma se generan de inmediato
varios dilemas éticos, expresado en conceptos como:
·
el sufrimiento
animal.
“Veneramos, mimamos y admiramos a
algunos animales, mientras a otros se les tortura y destruye. Quizás
una de las razones por la que los seres humanos abusan de los animales
es por que
no podemos sentir lo que es, ser un animal.” (21
A través de la neurobiología y de la
fisiología animal, hemos podido entender los mecanismos que subyacen
detrás del “dolor animal”, el cual varía en su percepción y
expresión de especie a especie, pero que sin lugar a dudas es una
realidad biológica.
En cuanto al sufrimiento, constituye
un concepto de gran peso, pero puede ser de difícil valoración en un
animal; que aunque puede comunicarse (vocalizaciones, actitudes
posturales y faciales, señales químicas) se plantea como algo más
bien subjetivo, una experiencia más de tipo emocional.
Esto nos ofrece un reto que ha
intentado ser dilucidado desde hace ya, varios siglos; Bentham,J
(1748 - 1832)
escribía: “La pregunta no es, a la hora de
interesarme por el bienestar de alguien ¿piensa?, ¿posee capacidad
de raciocinio?, sino ¿siente?, ¿tiene capacidad de gozar y sufrir?.”(17)
Frente a esta disyuntiva práctica
surge la propuesta ética del “Bienestar Animal” en la que los
profesionales de las ciencias veterinarias en conjunto con gobiernos
y ONG’s han acordado desde la década de los sesenta, la
implementación de protocolos de evaluación y control para lograr
dicho bienestar en las áreas de producción y tenencia de animales:
conocidos como “ las cinco libertades ” (entendidas
como necesidades, son: alimentación, refugio, salud, comportamiento
y bienestar), el manejo etológico (entendido como la mejor
manera de aproximarme, sujetar e inmovilizar a un animal) y
el enriquecimiento ambiental (en aquellas especies que van a
ser confinadas, permitir mediante el diseño arquitectónico de las
instalaciones, el mobiliario y el manejo; que sus necesidades
biológicas, etológicas y psicológicas puedan ser satisfechas).
·
el conflicto de
intereses
...“El principio de igual
consideración de intereses no permite que los intereses principales
sean sacrificados en aras de intereses secundarios...”(17)
De igual manera que en el punto
anterior estas discusiones han sido abordadas desde hace varios
siglos; es así como el filósofo y economista ingles,
John Stuart Mill
(1806 – 1873)
ya planteaba:
“Suponiendo que cualquier hecho
cause más dolor a los animales que el placer que cause al hombre,
¿esa práctica es moral o inmoral? Y si el hombre no contesta inmoral
con una sola voz, al mismo tiempo que su cabeza emerge del todo del
egoísmo que la moralidad del principio de utilidad se condene para
siempre.”(22)
Este conflicto de intereses es de
base, el contingente mayor que enfrenta el profesional de las
ciencias veterinarias, cuando debe anteponer los costos y
honorarios, al sufrimiento de los animales y propietarios. Teniendo
además que tomar la decisión y ejecutarla; la del sacrifico
humanitario de sus pacientes animales (eutanasia), frecuentemente
vista como la mejor opción para evitar el sufrimiento.
En ética ambiental (macrobioética) es
más evidente este conflicto, en donde preguntas como: ¿Constituye la
extinción de una especie un precio aceptable a pagar por el aumento
de las oportunidades de empleo?. Nos plantean una reflexión
filosófica, si debemos incluir en nuestras deliberaciones éticas a
todas las especies animales, organismos unicelulares, plantas,
algas, quizás virus y según algunos, ecosistemas e incluso el
conjunto de la biosfera.
(41)
Lo claro es, y como lo plantea
Elliot, R
(1993): ...
“Una ética centrada
en la vida exige, que a la hora de decidir cómo hemos de actuar,
tengamos en cuenta el impacto de nuestras acciones sobre todo ser
vivo afectado por ellas.”
(41)
·
¿igualdad y
especiecismo?
“... no hay razón para creer que
ningún animal sea capaz de pensar acerca de sus propios pensamientos
de esta manera, ninguno de sus estados mentales será consciente. Si se
aceptará este razonamiento, se deduciría casi inmediatamente que los
animales no pueden plantearnos imperativos morales, pues los estados
mentales no conscientes no son un objeto adecuado de interés moral.”
(21)
Al asumir que la propuesta no busca
humanizar lo animal ni animalizar lo humano, establece desde
ya, que nuestro objetivo no es discutir acerca de lo que es similar
o distinto entre el hombre y los animales. Sino más bien, discutir,
si los argumentos que utilizamos para interactuar con ellos siguen
siendo válidos, a la luz de los nuevos descubrimientos que aporta la
ciencia y la tecnología. O si el pensamiento filosófico actual desea
adoptar nuevos o diferentes argumentos acerca de los animales: sobre
su estatus moral, sus derechos y nuestras responsabilidades .
En este sentido, nuestra cultura ha
discriminado su relación de afecto o utilidad con los animales más
orientado por la moda y por emociones que por aspectos morales o
éticos. De la misma manera es evidente al observar dicha relación,
que la complejidad de las especies (especieísmo) su apariencia –
fenotipo -, marcan en gran medida la empatía (compasión) o antipatía
de los seres humanos hacia estas.
Finalmente y sin respuesta clara, la
pregunta sobre el derecho de los animales nos invita a revisar el
contexto normativo, jurídico y legal que enmarca la relación de los
animales en cada país y en cada cultura. Estudiar la percepción que
de los animales tiene cada comunidad (Etnoveterinaria) y aportar
cuando sea oportuno y con una mirada bioética la sugerencia que
promueva el “respeto por cualquier forma de vida”.
-
¿Derechos
Animales y Responsabilidades Humanas ?
“ El contractualismo no concede a
los animales derechos morales directos, mientras que se los otorga a
todos los seres humanos. (...) Pero las limitaciones que impone a
nuestra conducta son mínimas; es evidente que el contractualismo no
presta ningún apoyo a quienes desearían ampliar aún más la
protección que se brinda a los animales.” (6)
El enfoque relativista y subjetivo de
la valoración moral de los animales, nos presenta grandes
dificultades al momento de realizar comparaciones y preguntarnos
quienes pueden hacer parte de la comunidad moral humana.
O al preguntarnos: ¿Qué hace que un
ser vivo sea considerado persona?, ¿Cómo es ser un animal?,
¿Experimentan los animales no humanos algún pensamiento o algún
sentimiento subjetivo?
Carruthers, P
(1992)
en su “Teoría moral aplicada” nos aporta los siguientes elementos de
reflexión:
“ Se puede decir
que muchos animales tienen creencias y deseos: No obstante, ningún
animal posee las demás cualidades necesarias para ser considerado un
agente racional. Concretamente, ningún animal parece ser capaz de
hacer planes a largo plazo, o de imaginar distintos futuros
posibles. Y ningún animal parece capaz de conceptualizar normas
generales convenidas socialmente. Así pues ningún animal podría ser
considerado agente racional, en el sentido que nos permitiría
otorgarles derechos directos según el contractualismo”.
Y Regan, T. En su libro “The
case for animal rigths” dice así:
“sólo tienen derechos los seres con un valor
inherente (...) Solo los titulares de una vida tienen un valor
inherente...”
Sin embargo un número importante de
filósofos afirman que los animales no son agentes morales y que si
bien es censurable la crueldad hacia ellos, no sería posible aceptar
dar la misma importancia a la vida y al sufrimiento de los animales
que a los humanos.
Finalmente
Sánchez, M.
(1996),
nos ofrece una
propuesta conciliadora:
“... El respeto hacia los animales no es incompatible
con el respeto hacia los seres humanos. Ambos respetos forman parte
de un único y más amplio sentimiento de respeto hacia todo y hacia
todos...”
(17)
En cuanto a las responsabilidades
hacia los animales pueden enfocarse en dos dimensiones una moral y
otra práctica.
“...
No obstante, puede haber obligaciones
indirectas para con los animales, motivadas por el respeto de los
intereses legítimos de quienes se interesan por ellos.”(6)
En el sentido moral, es interesante
observar como las diferentes tradiciones religiosas han planteado
diversas relaciones con el mundo animal; desde la llamada
Mayordomía Responsable en donde el hombre es el rey de la
creación y el encargado de las demás especies para su uso y cuidado,
pasando por la Hermandad Franciscana de unidad con
todos los seres; hasta la prohibición específica y detallada del
consumo de ciertos animales.
3. El rol del Veterinario
“Es
esencial que exista una distinción clara entre hombres y animales,
para poder doblegarlos a nuestra voluntad, conseguir que trabajen
para nosotros, llevarlos puestos, comerlos, sin ningún sentimiento
inquietante de culpa o de pena.
Con nuestras conciencias tranquilas podemos extinguir
especies enteras en nombre de un beneficio imaginado a corto plazo,
o incluso por simple descuido. Su perdida tiene poca importancia:
estos seres, podemos decir, no son como nosotros.”(36)
Existe al igual que en muchas
profesiones código deontológico y juramento que el profesional
recibe y asume al momento de graduarse; de forma similar posee un
misión definida que cumplir.
En el caso de los Médicos
Veterinarios Colombianos existe un marco de referencia reciente que
ha posibilitado abrir el camino a un desarrollo ético de la
profesión: La ley 576 de 2000 por la cual se expide el Código
de Ética para el ejercicio profesional de la medicina veterinaria,
la medicina veterinaria y zootecnia y la zootecnia.
Sería ingenuo pensar que por el hecho
de la existencia de la ley o el marco jurídico del ejercicio, se
podría garantizar el desempeño de las personas que representan a la
profesión. Sin embargo ofrece la posibilidad de crear un ámbito de
discusión y aprendizaje colectivo, sobre nuestros mínimos éticos de
referencia. De igual manera la creación y existencia del TRINADEP
(Tribunal Nacional de Ética Profesional) que simboliza el órgano
de control sancionador a los infractores de esos mínimos éticos.
Lo ideal para mí sería la inclusión
de unos máximos éticos en el cotidiano de todos aquellos
profesionales relacionados con el área y de todas aquellas personas
relacionadas con los animales. Que en ellos existiera la voluntad y
el interés de reflexionar en torno a nuestra visión y misión, en
torno a la cultura de lo animal que existe en nuestro país.
“La Medicina Veterinaria es una profesión basada en
una formación científica, técnica y humanística que tiene como fin
el propender por el mejoramiento de la calidad de vida del hombre,
mediante la conservación de la salud animal, el incremento de las
fuentes de alimento de origen animal , la protección de la salud
pública, la conservación del medio ambiente, de la biodiversidad, y
el desarrollo pecuario del país.”
Ley
576 de 2000
República de Colombia
Consejo Profesional de Medicina Veterinaria y
de Zootecnia
de Colombia
4. Comentario final:
Al terminar esta corta reflexión me
queda como miembro de la especie humana, ciudadano del mundo y
Médico Veterinario Colombiano asumir el compromiso que nos
corresponde en la conservación de la Vida en el planeta, en la
preservación y desarrollo de nuestra cultura. Y de manera
fundamental la investigación, aplicación y conformación de
principios Bioéticos que posibiliten la consolidación de una
Medicina Veterinaria más humana y comprometida con el bienestar
humano y animal.
Como cita final quise compartir estas
dos:
Jeremy Bentham
(1748 – 1832; filósofo ingles, economista y jurista)
“Puede llegar el día en que el resto
de la creación animal adquiera esos derechos que nunca debían
habérsele retirado sino por la mano de la tiranía (...)” Puede
llegar el día en que se reconozca que el número de las piernas, la
vellosidad de la piel, o la terminación del hueso sacro sean por
igual razones insuficientes para abandonar a un ser sensitivo a la
misma suerte. ¿Qué más existe que deba trazar la línea insuperable?
¿Es la facultad de la razón o, tal vez, la facultad de discurrir?
Pero a fuerza de comparar, un caballo o un perro adulto son animales
mucho más racionales y amistosos que un infante de un día, de una
semana o hasta un mes. Pero supongamos que el caso sea el contrario,
¿qué importaría?. La cuestión no es: ¿pueden razonar?, ni: ¿pueden
hablar?, sino: ¿pueden sufrir?. ”
(The principles of Morals and Legislation)
El mensaje de los HUA DE NO SAU NEE al mundo
occidental:
“Las enseñanzas originales nos
ordenan que nosotros, los que caminamos sobre La Tierra, expresemos
un gran respeto, afecto y gratitud hacia todos los espíritus que
crean y mantienen la Vida. Nosotros damos un saludo de
agradecimiento a los muchos sostenedores de nuestras propias
vidas.... Cuando la gente cese de respetar y expresar gratitud por
estas muchas cosas, entonces la vida será destruida y la vida humana
de este planeta llegará a su fin.
Nosotros no somos un pueblo que
demande o pida cosas del Creador de La Vida, sino que por el
contrario alabamos y damos gracias por que todas las fuerzas de La
Vida estén trabajando todavía.
Nosotros entendemos profundamente
nuestra relación con todos los seres vivientes. Y hasta hoy, los
territorios que aún mantenemos, están poblados de árboles, animales
y otros dones de La Creación”.
(1)
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