Rosa Elsa Pérez Peña
MV - Homeópata
MSc. En Estudios Humanísticos con Especialidad en Ética
Diplomada en Métodos cualitativos y participativos
de Investigación Social
Etnoveterinaria
Al
igual que la mayoría de personas los
profesionales que laboran en el campo
agropecuario trabajan bajo modelos
mentales;
imágenes, suposiciones,
historias que se tejen alrededor de la
manera que se cree funciona el mundo.
Estos modelos al afectar la forma en
que se piensa, influyen en cómo se
actúa en la vida diaria. Así muchos
profesionales dedicados a la extensión
y el desarrollo rural, ya sea como
individuos o como Instituciones del
Estado u Organizaciones No
Gubernamentales, basándose en modelos
mentales denominados negativos, creen
que su razón de ser es
resolver una serie de problemas
manifestados en deficiencias o
falencias.
Constituyen
grupos de expertos localizadores de
problemas y soluciones, cuyo actuar se
centra en establecer programas y
proyectos de transferencia de tecnología
que respondan a las deficiencias
encontradas, conforme
con las expectativas del modelo mental
presente en el grupo experto (modelo
de lo
que debería ser). Se realizan
diagnósticos
del NO, No existen instalaciones
adecuadas, No hay selección genética,
No poseen animales seleccionados, No
tienen praderas mejoradas, No utilizan
manejo reproductivo, No saben o no
conocen, No hacen manejo de, etc.
Bajo
este esquema muchos afirman que TODOS
los sistemas de producción familiar
son iguales, pues el diagnóstico
del NO hace que la diversidad,
complejidad, dinamismo desaparezca y
se piense en soluciones aplicables
uniformemente en todos los casos. Esto
ha conducido a que tales acciones sean
calificadas como de tipo
“reactivo”, generadoras en muchos
casos de actitudes de rechazo por
parte del productor, pues se le
considera un sujeto atiborrado de
falencias, desconociéndose su
potencial, experiencia,
conocimiento
y los recursos de que dispone.
En
la actualidad frente a la globalización,
el cambio climático, el
reconocimiento de la diversidad
cultural, la
exigencia de sistemas de producción
sostenibles, donde lo local juega un
papel importante, se requiere un
cambio en el modelo mental de cómo
pensar la extensión y el desarrollo
rural. Pasar de ser expertos
diagnosticadores y solucionadores de
problemas a mediadores de procesos,
facilitadores u orientadores de
acciones, enmarcados en nuevos
paradigmas con perspectiva holística,
centrados en las potencialidades y
capacidades que ofrece una situación
determinada, con ciertos recursos
locales y unos actores involucrados.
Un
modelo mental en positivo, dónde el
diagnóstico identifique y describa
“lo que es”, permitiendo
comprender las dinámicas locales que
se dan, los diferentes actores
involucrados (humanos, animales,
vegetales), las relaciones
establecidas entre ellos, la función
que cumplen los diferentes tipos de
conocimiento y recursos locales; dónde
el profesional se preocupe más por
construir procesos colaborativos que
por encontrar soluciones tecnológicas
puntuales, aplicables en todo
contexto; un modelo mental dónde la
complejidad de los sistemas de
producción familiar sea reconocida y
abocada desde la misma diversidad de métodos
de extensión y desarrollo
rural,haciendo que el conocimiento
experto pueda tomar el papel crítico,
dinámico y práctico que le
corresponde.
El
explicitar el papel que juega el
modelo mental dentro de la extensión
y desarrollo rural quizás
permita
comprender por qué algunos estudiosos
del tema
afirman que las tecnologías
existen, están en los anaqueles de
numerosas instituciones dedicadas a la
investigación e innovación tecnológica,
pero no han sido transferidas,
apropiadas o utilizadas por los
destinatarios en la forma como se
planeó o esperaba; Tal vez el esquema
mental negativo o deficitario que
mueve a muchos profesionales
orientados
a la extensión y desarrollo
rural ha impedido que tales tecnologías
trasciendan hacia el contexto/realidad
local, las ha convertido en bloques,
paquetes, rígidos, pesados, poco
flexibles, difíciles de reconocer,
comprender, implementar, apropiar,
dentro de un esquema de vida
particular, lo
que imposibilita el papel complementario
que debe tener el conocimiento experto
dentro de los sistemas de producción
familiar.
©2011
Rosa Elsa Pérez Peña Médico Veterinario M.Sc. En Estudios Humanísticos
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