ROSA ELSA PÉREZ PEÑA Médico Veterinaria Homeópata Universidad Nacional de Colombia  
                                          
    
                      M.Sc. en Estudios Humanísticos Docente Fundación Universitaria San Martín


  


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Rosa E. Pérez Peña

Médica Veterinaria Homeópata Universidad Nacional de Colombia

Candidata Maestría estudios Humanísticos ITESM-Virtual México.

Diplomada en Métodos Cualitativos y Participativos de Investigación Social UNAD

Estudios en Comunicación Social Comunitaria UNAD

Docente Universitaria de Etnoveterinaria y Comunicación Social Comunitaria Facultad MVZ-FUSM Bogotá.

Docente Universitaria de Etnoveterinaria Y Terapias alternativas Facultad MVZ-ULS  

M.Sc. en Estudios Humanísticos

Docente Fundación Universitaria San Martín




PAPEL DE LA FILOSOFIA EN LA RELACIÓN 

HUMANO-ANIMAL-MEDIO AMBIENTE
.
©2009
 

El empirismo

 


 

Rosa E. Pérez Peña

Médico Veterinario

 M.Sc. en Estudios Humanísticos

Docente Fundación Universitaria San Martín

 

Palabras claves: relación humano-animal-ambiente, relación filosofía-ciencias animales, ética-ciencias animales, bienestar animal-filosofía, filosofía-comprensión-ciencias animales.

Si tenemos en cuenta que la Filosofía nos proporciona conceptos y teorías que pueden ayudarnos a entender mejor la realidad y a orientarnos en ella, permitiéndonos poner en cuestión algunos prejuicios que hasta ahora hemos aceptado como verdades indudables, (Martínez N., 2008),  y agregamos la tesis de Pérez Tapias (2000), de que es un producto cultural inscrito en la dinámica propia de la cultura humana, afectado mutuamente por esta, podemos afirmar que la Filosofía se expresa en las ciencias a través de modelos de relación que pueden ser observables fácilmente desde las ciencias sociales, pero que desde las ciencias naturales, como las ciencias que tienen que ver con los animales, es necesario desentrañar porque se encuentran  implícitos y responden a intereses, teóricos, económicos y políticos, más que sociales o éticos.

Pérez Tapias (2000) manifiesta que cuando se llega a reconocer el sistema filosófico que originó el marco teórico en el cual nos movemos, habitamos, moramos o residimos, hay una mayor aproximación a la comprensión de este y se puede hallar el por qué de sus afirmaciones, causas y consecuencias, apartándose de las solas explicaciones técnico-instrumentales y metodológicas, que generalmente son las que guían al profesional, lo que  le ofrece nuevas herramientas conceptuales que podrían ayudarle a interpretar de una manera más crítica la relación humano-animal- ambiente, vislumbrando otras alternativas de acción, técnicamente realizables y éticamente deseables.

Hablemos por ejemplo del empirismo en la relación humano-animal ambiente. Primero debe indicarse que dentro de la filosofía de la ciencia, el empirismo es una teoría que destaca los aspectos del conocimiento científico que están muy relacionados con la experiencia, haciendo de la experimentación el centro de acción (Herstein, 2008). La influencia del empirismo comienza a fines del S. XVI y se extiende a los largo de los dos siglos siguientes; sus antecedentes se remontan a Bacon, quien busca establecer a partir de la experimentación, leyes generales que permitan comprobar la correspondencia entre un fenómeno y sus consecuencias (I.E.S.-Santa Brígida, 2005). El método de Bacon, la inducción, propone hacer la mente libre de todos los falsos modos de pensar (prejuicios), para luego emprender el estudio del mundo mediante la cuidadosa y repetitiva observación, la recolección de datos y la interpretación de los mismos (Frost S.E., 2005).

Esta característica del empirismo se hace evidente dentro de las ciencias animales cuando se piensa que la sola enseñanza e implementación de la tecnología acarrea desarrollo y su presentación como algo “útil” es única condición para que los dueños, poseedores o tenedores de los animales  adopten las técnicas y recomendaciones dadas por los profesionales, en una especie de adiestramiento considerado como razón suficiente. Se generaliza priorizando la adopción (imitación, no innovación, inclusión o generación) de tecnologías- consideradas de punta por provenir de países industrializados- tomándolas como fuente de progreso y de conocimiento, sin tener en cuenta que muchas de ellas pueden ir en detrimento del bienestar animal o del medio ambiente local y las características culturales de los involucrados.

Otra característica que se considera muy asociada al pensamiento empirista es el individualismo que surge como reacción a las  formas de homogenización impuestas por la técnica y la industria, las cuales son reforzadas por el sistema económico capitalista (I.E.S.-Santa Brígida, 2005). Este individualismo se  difunde dentro de las ciencias animales a través de  las recomendaciones profesionales que propenden exclusivamente por prácticas productivistas que tienen en cuenta rendimientos económicos sectoriales y se acompañan por metodologías de asesoría individual dejando de lado los impactos sociales, culturales, medioambientales y de bienestar animal, lo que deteriora la relación del humano con sus semejantes y la naturaleza. (Ansorena, 1972; Sánchez de Puerta, 2005; Barrientos, 2002).

J. Ballesteros, Catedrático de Filosofía del Derecho, Moral y Política de la Universidad de Valencia y autor del libro personalismo ecologista, (1985) dice al respecto que en la edad moderna se presentan dos formas de estudiar la relación humano-naturaleza, el antropocentrismo tecnocrático y el biologismo. Considera que las percepciones de Bacon y Descartes (empiristas) se expresan en lo que se conoce como antropocentrismo tecnocrático, dónde lo ecológico es tomado como un problema exclusivamente técnico. Visión que sitúa al humano por fuera y sobre la naturaleza, en una relación de dominio –subordinación; la naturaleza, y en ella los animales, al servicio del hombre son fuente inagotable de recursos que pueden ser explotados indiscriminadamente para la industria como mercancía. Se habla de desarrollo por todas partes y de que este sólo puede ser producto del progresivo dominio que el hombre consiga ejercer sobre la naturaleza y los animales, encaminándose todos los esfuerzos a la adquisición, implementación y/o disposición de máquinas que permitan su dominio. “Hay que tecnificar” (sinónimo de mecanizar) se convierte en la expresión más frecuente en los profesionales del área de las ciencias animales.

Se exalta así de alguna manera al homo faber (hombre productor de mercancías) frente al homo laborans (hombre de supervivencia) mencionados por Locke, filósofo empirista del S. XVII, dejando de lado el homo ludens de Johan Huizinga. Incluso autores como Adam Smith y Kant defienden indirectamente esta posición al tratar la propiedad (territorio) como una mercancía de libre disposición. Bajo este esquema las personas son vistas como productores o compradores dentro de un sistema de economía (Ballesteros, 1985). Esta actitud es patente en las ciencias humanas cuando se habla de “productores”, estableciéndose clasificaciones- pequeño, mediano y gran productor – y se toman los recursos agua, suelo, plantas y animales como “medios” de producción, siendo las fincas o granjas unidades productivas. Según Tiscornia, et al. (2005) bajo este esquema se pregonan el mito de crecimiento sin fin, el del desarrollo lineal y progresivo de la tecnología, y el de una naturaleza humana individualista y posesiva. Actualmente se cree que la mirada de la naturaleza como fuente inagotable de materia prima condujo a la sobreexplotación del suelo y los animales, la desertificación y la contaminación del agua y el aire, así como a la pérdida de la biodiversidad.

El toque utilitarista

Pero también se puede hablar aquí del utilitarismo, doctrina ética basada en que lo útil es bueno, y que llevó a considerar como recta conducta moral la obtención de lo que podría ser útil sin preocuparse por los medios empleados -en este caso sin preocuparse por los impactos negativos sobre unos recursos naturales que actualmente son considerados bien común y sobre los animales- J. Stuart Mill, filósofo inglés del S. XIX, adoptando la perspectiva empirista de Bacon se convierte en el principal defensor del utilitarismo (Salvat, 1982; Quillet, 1970).

Mill al referirse a la individualidad como uno de los elementos del bienestar del hombre señala que el individuo no debe dar cuenta a la sociedad por sus actos, en cuanto estos no se refieren a los intereses de ninguna otra persona sino a él mismo. Considera que la existencia de diferentes opiniones, de diferentes maneras de vivir, es deseable pues preserva la individualidad y se traduce en derecho a la libertad (Mill, 2004).  Pero la palabra libertad puede adquirir diversos sentidos, la libertad de, la libertad para y la libertad de sí mismo (Llano, 2005). El más frecuente es la libertad de, libre arbitrio, libertad innata que permite estar exento de limitaciones u obstáculos para hacer lo que se desea; en un sentido positivo exige deliberar frente a las posibilidades de acción y elegir, asumiendo la responsabilidad de dicha elección personal, pero  en un sentido negativo, individualista, consiste exclusivamente en liberarse de obstáculos externos para hacer lo que se quiere aún a costa del bienestar ajeno, conduciendo a la indiferencia en relación con el otro (humano o animal).

En la -libertad para- se procura alcanzar la autorrealización, la propia identidad en el seno de una comunidad; toma un sentido negativo cuando desde una posición dogmática se busca la satisfacción de una ilimitada autorrealización personal sin interesar los otros (humanos o animales), visión propia de las teorías del súper-hombre o de aquellas que consideran el progreso cívico como el producto de la adopción continuada de tecnología y de los avances científicos, proceso en eterno ascenso que no mira los costos culturales y medioambientales (Llano, 2005). Se buscan afanosamente  “niveles de vida más satisfactorios” (Ansorena, 1972), aquellos que responden más a valores culturales de los llamados agentes de cambio que a los del homo laborans o del ludens, transformándose la relación humano-animal-ambiente en una búsqueda permanente del bienestar humano representado por su disponibilidad de tecnología.

Puede aseverarse que los enfoques empiristas promueven un efecto “reduccionista” en la mirada de la relación humano-animal-ambiente, pues sitúan la comprensión de la relación en lo  factual; dejan por fuera la complejidad de las acciones humanas y por lo tanto de sus múltiples relaciones, como también las consecuencias implícitas que de estas se derivan; colocan los problemas en el nivel abstracto, en los conceptos y teorías que se pueden inferir de las acciones observadas excluyendo su comprensión crítica. Básicamente la mirada se dirige en una sola dirección: el hombre por y sobre la naturaleza.

© Rosa E. Pérez Peña (2009)

Médico Veterinario

 M.Sc. en Estudios Humanísticos

Docente Fundación Universitaria San Martín

BIBLIOGRAFIA

Ansorena Ignacio. (1972). “Décadas de extensión rural latinoamericana: adopción, adaptación, reflexión”. En: Desarrollo Rural en las Américas. Vol. IX Nº 3 (pp. 249-278).

Ballesteros Jesús (1985) Ecologismo personalista. Tecnos. Madrid.

Frost S.E. Jr. (2005). Enseñanzas básicas de los grandes filósofos. 1ª edición. Editorial diana. México.

Martínez Navarro Emilio (2008). Ética y política. Curso virtual. ITESM. México.

Mill John Stuart (2004). Sobre la libertad. Editorial Alianza. Primera edición. Sexta reimpresión. Madrid.

Pérez Tapias José Antonio (2000). Filosofía y crítica de la cultura. Editorial Trotta.

Quillet (1970) Diccionario Enciclopédico. Tomo VIII. Editorial Aristides Quillet. Argentina.

Salvat Diccionario Enciclopédico (1982). Tomo 3. Decimoquinta edición. Salvat editores. España.

DOCUMENTOS ELECTRÓNICOS

Barrientos Mario (2002). Evolución de los servicios de extensión en nuestro país. Vinculación con los planteos pedagógicos vigentes. Tomado del Internet 15 febrero de 2009  vaca.agro.uncor.edu/~extrural/CV_Barrientos.pdf –

Herstein Gary L. (2008). The Internet Encylopedia of philosophy. Alfred North Whitehead (1861 – 1947). Tomado del Internet febrero 16 de 2009.  http://www.iep.utm.edu/w/whitehed.htm

I.E.S.- Santa Brígida (2005). El S XVIII 1. El racionalismo. Período moderno. Panorama General. El Empirismo. Hume. Departamento de Filosofía. http://www.ies-santabrigida.es/Departamentos/Filosofia/FilosofiaII/13P_moderno_ElEmpirismo_Hume.pdf

Llano Alejandro (2005). La libertad posmoderna. En Humanitas revista electrónica. www.humanitas.cl/biblioteca/articulos/d0055/

Sánchez de Puerta Fernando (2003). Agroecología, desarrollo, comunicación y extensión rural. La construcción de un paradigma ecosocial en Iberoamérica.  Tomado del Internet el 9 de febrero de 2009. http://www.inta.gov.ar/extension/doc/art3.pdf

Tiscornia L., Nievas G., Álvarez G., Brizzio J (2005).  Extensión Rural y Campesinado: el lugar de los sujetos sociales y la estructura. Tomado del Internet el  12 de febrero de 2009. http://wikigeos.wikispaces.com/file/view/Tiscornia,La+ Extensión+Rural+y+campesinado.doc

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