ROSA ELSA PÉREZ PEÑA Médico Veterinaria Homeópata Universidad Nacional de Colombia  
                                          
    
                      M.Sc. en Estudios Humanísticos Docente Fundación Universitaria San Martín


  


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Rosa E. Pérez Peña

Médica Veterinaria Homeópata Universidad Nacional de Colombia

Candidata Maestría estudios Humanísticos ITESM-Virtual México.

Diplomada en Métodos Cualitativos y Participativos de Investigación Social UNAD

Estudios en Comunicación Social Comunitaria UNAD

Docente Universitaria de Etnoveterinaria y Comunicación Social Comunitaria Facultad MVZ-FUSM Bogotá.

Docente Universitaria de Etnoveterinaria Y Terapias alternativas Facultad MVZ-ULS  

M.Sc. en Estudios Humanísticos

Docente Fundación Universitaria San Martín




PAPEL DE LA FILOSOFIA EN LA RELACIÓN 

HUMANO-ANIMAL-MEDIO AMBIENTE
.
©2009
 

El positivismo decimonónico


 


 

Rosa E. Pérez Peña

Médico Veterinario

 M.Sc. en Estudios Humanísticos

Docente Fundación Universitaria San Martín  

 

Palabras claves: Positivismo decimonónico, animales de producción, granjas experimentales, transferencia de tecnología, bienestar animal, bienestar humano.

Para hablar del papel del positivismo decimonónico en la relación humano-animal de producción-ambiente necesariamente se tiene que mencionar los centros de experimentación o granjas experimentales, dónde se produce y/o adapta la tecnología a transferir, para lograr la modernización, desarrollo e integración al mercado mundial. Su objetivo es desarrollar al máximo la investigación científica y la experimentación en condiciones controladas y transferir luego los resultados obtenidos a los productores agropecuarios como “paquetes tecnológicos” replicables en cualquier situación. Bajo este esquema son realizadas actividades como estudios agro-socio-económicos, caracterizaciones de la producción, generación de tecnologías en condiciones controladas, ensayos de finca, parcelas demostrativas o de validación, biotecnología (Barrientos, 2002).

El positivismo es una escuela filosófica que nace en el S. XIX y asegura que el único conocimiento auténtico es el científico, y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación positiva de las teorías a través de la aplicación del método científico (Herstein, 2008). Augusto Comte, filósofo Francés, fundador  del positivismo y primero en idear una ciencia de la sociedad, la sociología, junto a Durkheim- quien desarrolla el proyecto- pretende  positivizar las ciencias humanas para elevarlas al rango de ciencias y responder así a las demandas de los centros de investigación de su época así como a las demandas de quienes generaban los recursos para su desarrollo, tratando de ajustarlas al mismo procedimiento de las ciencias de la naturaleza, únicas que se consideraban aportaban al desarrollo militar e industrial  (Smilg Vidal, 2008).

Cuatro aspectos configuran el contenido del vocablo positivismo acuñado por Comte; el monismo metodológico (un solo método), el modelo de las ciencias naturales exactas (modelo físico-matemático), la explicación causal o Erklären (no la comprensión) y el interés dominador que guía el conocimiento (Mardones, 1991). La observación sistemática directa, la manipulación experimental de los fenómenos y el uso de documentos escritos como únicas fuentes válidas de conocimiento son algunas características que lo acompañan (Mardones, 1991; Torres 1995).

Entre algunos de los problemas causados por asumir este enfoque en la relación humano-animal de producción-ambiente se cuentan la ausencia de mecanismos claros de innovación tecnológica (tecnologías no aptas para ciertos tipos de zonas, culturas o animales), la separación entre las acciones de transferencia tecnológica y la investigación agropecuaria (producción de tecnologías importantes para los investigadores pero no indispensables para los posibles usuarios de las mismas), la ausencia de un enfoque del desarrollo rural que permita responder puntualmente a las necesidades y demandas de los diferentes territorios rurales locales (costos elevados, contraposición a saberes locales, desconocimiento de la tradición y las costumbres, uso de lenguaje académico, pérdida de la biodiversidad animal, cultural y medioambiental) (Mora y Fernández, 2003).

Es decir el enfoque positivista marca una desarticulación evidente entre lo que se produce a nivel experimental en los centros de investigación agropecuaria y lo que puede ser utilizado por parte de los productores rurales (Ramakrishna, 1985) o promueva el bienestar animal y medioambiental. Al centralizarse la innovación tecnológica en la mecanización de los procesos, el uso de agroquímicos, plaguicidas, introducción de forrajes de alto rendimiento y especies animales mejoradas genéticamente, primando el logro del incremento de la producción y la productividad (González, 2005), la información y los productos científicos y tecnológicos producidos en los centros experimentales y transferidos por los sistemas de extensión, tienden a ensanchar aún más la diferenciación social y a limitar las oportunidades de generación de ingresos, de mejoramiento continuo de la calidad de vida de los pobladores de más bajos ingresos  restringiendo su bienestar (Barrientos, 2002); además contribuye a los procesos de desertificación del territorio,  la pérdida de saberes locales en relación con este y la utilización de los animales como máquinas productivas en contra del mínimo bienestar animal.

Tal como los positivistas aspiran por todos los medios a alejarse de la realidad tratando de conservar la “neutralidad” para conseguir la pregonada objetividad y validez, los profesionales que tienen relación con los animales de producción establecen una relación alejada del contexto en el que trabajan, trasladan mecánicamente unos conocimientos obtenidos en los centros de investigación y academia bajo unas condiciones “ideales” a unos “receptores” que aparentemente no tienen conocimiento alguno, en unas condiciones socio-económico-ambientales no controlables; actúan con cierta indiferencia, insensibilidad, superioridad autoritaria, asistencialismo técnico, estableciendo una comunicación vertical unidireccional, una extensión  “para el otro” o “sobre el otro” tal como lo señala Freire (1984).

Bajo esta mirada tanto los humanos, como los animales y el medio ambiente son considerados como “cosas”, “hechos” y “objetos” de estudio, sin interrelaciones más allá de las evidentes a través la experimentación.

Inician las críticas.

Las críticas al pensamiento positivista no es algo reciente, puede reconocerse desde lo que se conoce como “giro lingüístico”, movimiento originado por Wittgenstein, filósofo alemán, quien con la publicación del Tractatus logico-philosophicus (1921-1922), intenta dar salida a los problemas no resueltos del positivismo respecto a la relación matemáticas- ciencia- filosofía. Este autor expone que sirviendo el lenguaje sólo para “describir hechos” y compartiendo con el mundo la misma estructura lógica, se puede considerar la lógica como el “lenguaje ideal”, perfecto, en el que no existe la ambigüedad, la multiplicidad, la equivocidad y todos los restantes problemas que presenta el lenguaje común, por lo cual puede ser el “lenguaje único y perfecto” para la ciencia.

Pero él mismo en su segunda etapa, en el “giro pragmático”, con sus Investigaciones Filosóficas (1953), abandona esta idea admitiendo que el significado del lenguaje no sólo depende de su análisis lógico, sino también del uso que los hablantes hacen de él; por lo tanto una misma secuencia lingüística puede tener distintos significados dependiendo del uso particular dado, lo que dificulta la interpretación y comprensión de los hechos humanos (Wittgenstein, 1981, 1997).

Dificultad que también esta presente en la relación humano-animal-medioambiente, dada la influencia que puede ejercer el lenguaje utilizado por los profesionales frente al lenguaje común de los propietarios, dueños, poseedores o tenedores de los animales y la comprensión de los significados, que permite afirmar que el lenguaje científico utilizado por muchos profesionales y técnicos que trabajan con animales, muchas veces no es comprendido y asumido por los propietarios, dueños, poseedores o tenedores de los animales, pues se localiza muy lejos de sus significados  y significaciones cotidianos (Delgado, 2004), así como el sentido que le dan a “poseer” un animal puede no concordar con el que el profesional tiene en su imaginario, lo que dificulta el establecimiento de las acciones necesarias para lograr las intervenciones que el profesional recomienda.

 Adicionalmente en 1923 el Instituto de Investigación Social, vinculado a la Universidad de Frankfurt, intenta devolverle a la ciencia su carácter crítico-analítico, exponiendo la importancia, cada vez mayor, de lo simbólico y lo cultural (Reyes, 2004). De este Instituto, hacia 1932, nace la Escuela de Frankfurt que rechaza el hecho que los enunciados tengan que ser comprobados para ser aceptados, considerando que esta idea fue desarrollada desde una sociedad enfocada en las técnicas de producción industrial y condicionada a ver lo meramente tecnológico.

Su trabajo se centra en la “Teoría Crítica” de Horkheimer (filósofo y sociólogo alemán) la cual afirma que el positivista no advierte que su hacer, pensar, ver, percibir, está mediado por la sociedad en que vive y por lo tanto sus teorizaciones no se pueden desvincular del contexto histórico-social-económico-político-ambiental en el cual se dan, siendo una falacia  el ideal de la ciencia positiva respecto a que sus resultados están garantizados, en relación con su verdad, por un método formal que los hace independientes de las condiciones que los rodean.  A este conjunto de condicionantes Horkheimer y Adorno (sucesor del primero) los denominan totalidad social (Thiebaut, 2000).

La Teoría Crítica será retomada posteriormente por Jürgen Habermas (1929), pensador, sociólogo y filósofo alemán, estudiante de la Escuela de Frankfurt, quien elabora una teoría crítica de la sociedad fundada en los conceptos de una acción comunicativa, base de su teoría de la ética discursiva, importante en los procesos comunicativos.

Estas críticas al pensamiento positivista permiten que se inicie a hablar de la importancia de los símbolos y los significados, así como de la intersubjetividad, diálogo intersubjetivo y saberes locales, de sujetos, procesos y sistemas, conceptos todos elementales dentro de la comprensión de la complejidad de la relación humano-animal-medioambiente.

© Rosa E. Pérez Peña (2009)

Médico Veterinario

 M.Sc. en Estudios Humanísticos

Docente Fundación Universitaria San Martín

BIBLIOGRAFIA

B. Ramakrishna (1984). Comunicación y desarrollo rural. Espasandes, SRL editores. Caracas.

Freire Paulo (1984). Cambio. Editorial América Latina. Colombia.

González Hernán (2002). La Extensión agrícola en el cambio institucional. Consideraciones para el desarrollo de una visión compartida. IICA. Foro de las Américas para la investigación y desarrollo tecnológico agropecuario. Costa Rica.

Habermas Jürgen (1998). Introducción de Manuel Jiménez redondo. En Escritos sobre moralidad y eticidad. Paidos. 1ª reimpresión.

Mardones J.M. (1991). Filosofía de las ciencias humanas y sociales. Materiales para una fundamentación científica. Anthropos. España.

Ramakrishna B. (1984). Comunicación y desarrollo rural. Venezuela.

Smilg Vidal (2008). Filosofía de la ciencia. Curso virtual. Maestría en Estudios Humanísticos. Universidad Virtual. Tecnológico de Monterrey.

Thiebaud Carlos (2000). Historia de la Ética. 3. La ética contemporánea. Cap: La Escuela de Frankfurt (pp. 441-480). Editorial Crítica.

Torres Carrillo Alfonso (1995) Aprender a Investigar en Comunidad I y II; UNISUR, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Santa Fe de Bogotá, D.C.

Wittgenstein (1981). Tractatus logico philosophicus, trad, E. Tierno Galván, Alianza, Madrid.

Wittgenstein (1997). Conferencia sobre ética. Paidos, Madrid.

MEDIOS ELECTRÓNICOS

Barrientos Mario (2002). Evolución de los servicios de extensión en nuestro país. Vinculación con los planteos pedagógicos vigentes. Tomado del Internet 15 febrero de 2009  vaca.agro.uncor.edu/~extrural/CV_Barrientos.pdf –

Delgado Freddy (2004). La trasdisciplinariedad y la Investigación participativa en una perspectiva de diálogo intercultural e intercientífico. AGRUCO. Tomado del Internet: www.agruco.org.

Herstein Gary L. (2008). The Internet Encylopedia of philosophy. Alfred North Whitehead (1861 – 1947). Tomado del Internet febrero 16 de 2009.  http://www.iep.utm.edu/w/whitehed.htm

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